Romería de Valme: Años de recuperación (1940-1953)

En esta entrada se muestra por fin un racha buena para la Romería, tras recorrer su dilatada historia a través del tiempo, pasando unos tiempos difíciles y otros mejores, se presenta la época tras la Guerra Civil, una época de consolidación y reafirmación de la fiesta.

Al término de la Guerra Civil, se estableció en España la Dictadura militar del general Franco. El nuevo régimen, al reconocer como oficial la Religión Católica, tan perseguida durante la Segunda República, contribuyó poderosamente al resurgimiento de las manifestaciones religiosas populares, entre ellas, la Romería de Valme.

También jugó un papel importantísimo en este resurgimiento la enigmática y controvertida figura del cardenal Pedro Segura y Sáenz, que rigió los destinos de la Archidiócesis hispalense desde 1937 hasta 1957. Durante su pontificado, se organizaron magnas procesiones solemnes en Sevilla. Así ocurrió, por ejemplo, en 1949, 1946, 1948 y 1950. En efecto, Segura convirtió Sevilla «en escenario obligado de una sucesión ininterrumpida de novenas, triduos, quinarios. […] Las festividades religiosas tradicionales de la ciudad encontraron en el cardenal Segura a un ardoroso defensor

Todo ello repercutió en un aumento de la devoción popular que hizo posible el desarrollo de todos los grupos y las asociaciones de carácter religioso, tales como la Acción Católica. En este marco se encuadra la evolución de la Romería de Valme durante estos años que coinciden, prácticamente, con la Posguerra.

Durante la década 1940, el hecho más notable de la Romería quizás sea el ambiente de devoción y recogimiento con que se celebró. No se perdieron, desde luego, la animación y la alegría características de este tipo de fiestas, pero tampoco podemos olvidar la penosa situación en la que s encontraba España después de la contienda civil.

En estos años, es casi ininterrumpida la asistencia de las infantas Dª. Esperanza y Dª. Dolores de Borbón y Orleans. Esta última residía por entonces en Dos Hermanas y fue nombrada Camarera Honoraria de la Virgen de Valme en 1942. Otras personalidades que también asistían eran los gobernadores civiles de la provincia y, sobre todo, los miembros de la Diputación Provincial de Sevilla, que, como propietarios del Cortijo de Cuarto, recibían a la Virgen en la entrada del Cortijo.

La organización de la Romería era muy similar a la de años anteriores, pero si es destacable cómo de va retrasando, poco a poco, la hora de la llegada al Cortijo de Cuarto, así como la de la entrada en Dos Hermanas. También fue aumentando en presupuesto de la Romería, que, en 1945, se aproximaba a las veinte mis pesetas.

La carreta de la Virgen fue cambiando progresivamente hasta adoptar el modelo actual de flores de papel a finales de la década de los cuarenta. En este período, el exorno corría a cargo de Manuel González Carod, Luis Justiniano Guitard y José Salguero López. Las demás carretas fueron evolucionando también, sobre todo, de la mano de José Caro Arias.

Del ano 1942 se debe destacar la publicación de una revista titulada «Romería de Valme». Constaba de treinta y dos páginas y llevaba una expresiva dedicatoria a la infanta Dª. Dolores en su primera página.

En 1946 la Romería fue suspendida por orden expresa del cardenal Segura. Con esta medida, pretendía realzar lo más posible la celebración de las Santas Misiones Marianas cuyo fin era el de preparar la solemne declaración de la Virgen de los Reyes como Patrona de la Archidiócesis hispalense. Para ello, prohibió la celebración en la diócesis de cualquier otro acto que pudiera restas importancia a la efeméride antes mencionada.

Por otra parte, en 1948 de conmemoró el VII Centenario de la Reconquista de Sevilla por el rey San Fernando. Con este motivo, se acometieron obras de restauración en la capital, se inauguraron nuevas obras públicas en los pueblos de la provincia, se realizaron veladas literarias y se publicaron revistas y libros especiales sobre la tradición fernandina. Finalmente, se celebraron dos magnas procesiones en la capital: la del Santo Entierro en Semana Santa y la de imágenes fernandinas el día 23 de noviembre. En esta última tomó parte la Virgen de Valme, llevada con tal fin a la Catedral de Sevilla.

En 1949 se sabe que preparó la carreta de la Virgen D. Manuel González Carod, hermano de Valme, y que instalación eléctrica fue realizada por el electricista sevillano Antonio Albea, como era tradicional desde los años veinte. Hubo un gran número de carretas y caballistas que acudían a la Romería desde Sevilla, Alcalá de Guadaira, Coria del Río y Los Palacios; la fiesta de nuevo cobra importancia en los pueblos limítrofes.

El año 1950 fuer de especial importancia, ya que se inauguraron las reformas de la Capilla Sacramentas de la Parroquia, donde, como se sabe, recibe culto la imagen de la Virgen de Valme. Estas obras fueron: arreglo del retablo, ejecución de una Sagrario de plata y decoración de la cúpula y paredes con frescos. La Capilla reformada fue bendecida a las seis de la tarde de sábado 12 de octubre por el cardenal Pedro Segura y Sáenz, en el transcurso de una solemnísima ceremonia. En este año se celebró por primera vez un quinario en los días previos a la Romería, en vez de un triduo como venía siendo tradicional desde finales del siglo XIX.

Lo más destacado de la Romería de 1950 fue el incendio que se produjo en la carreta de la Virgen cuando fue encendido su alumbrado eléctrico. La imagen de la Virgen de Valme fue rápidamente sacada de la carreta y llevada a hombros por los hermanos hasta la Parroquia.

A raíz de este incendio, se cambiaron la fisonomía y el exorno de la carreta de la Virgen; en 1951, la carreta fue engalanada solamente con tullas salpicadas con unas enormes margaritas blancas. El conjunto no debió resultar muy afortunado y en 1952 se volvió al adorno tradicional que se mantiene, con ligeras variantes, hasta hoy en día.

Lo más destacable de 1951, es que el besamanos de la Santísima Virgen se traslada a la noche del sábado, una vez finalizado el Santo Rosario procesional por las principales calles del pueblo.

En 1953, la Virgen estrenó una jamuga de madera regalada por el tallista sevillano Manuel Cerquera y la cuantía de los premios asciende a cerca de diez mil pesetas.

Concluye así este período de la historia de la Romería de Valme, en el que se produjo una gran recuperación después de la fatídica década de los treinta. Volvieron a acudir a la Romería personalidades importantes de Sevilla, asistieron las infantas Dolores y Esperanza, se reformó la carreta de la Virgen hasta adquirir su fisonomía actual y, por último, se engrandecieron aún más los cultos previos a la Romería.

Sacerdotes y hermanos de la Hermandad de Valme en el Cortijo de Cuarto (1942)

Sacerdotes y hermanos de la Hermandad de Valme en el Cortijo de Cuarto (1942)

Romeros de Valme en la plaza de la iglesia (1942)

Romeros de Valme en la plaza de la iglesia (1942)

La Virgen de Valme en la Puerta de San Miguel d la Catedral de Sevilla (1948)

La Virgen de Valme en la Puerta de San Miguel d la Catedral de Sevilla (1948)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Las crisis de los años treinta (1931-1939)

Seguimos a través de la historía de la Romería, de los origenes y antecedentes, se pasó a ver las primeras Romerías, después vino una época de decandencia en la cual la Romería no se celebró y a continuación una epoca de esplendor que asentó el futuro de la fiesta. En esta nueva entrega la Romería pasa por tiempos dificiles, se proclama la República y todos los actos religiosos corren gran peligro, varios años se suspende.

La proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, tras el triunfo de la colación republicano-socialista en las elecciones del día 12, supuso un cambio radical en España. El rey Alfonso XIII y su familia marcharon a Francia nada más conocerse los resultados electorales y se constituyó un gobierno provisional tras su exilio. Pero las expectativas depositadas en el nuevo régimen, que fue recibido entre vítores y aclamaciones en todo el país, pronto se desmoronaron y dieron paso a una etapa trágica en la que las huelgas, los asesinatos, el terrorismo, la conflictividad social y laboral, en definitiva, estarían a la orden del día hasta el final de la Guerra Civil en 1939.

En Dos Hermanas, la República se proclamó en la noche del día 14, con la formación de la Junta Gestora del Ayuntamiento presidida por Fernando Fournón Raya, jefe del Partido Republicano. Dos meses más tarde quedó constituida la Corporación Municipal, integrada por doce concejales republicanos frente a ocho socialistas. Pronto comenzaron los enfrentamientos entre los representantes de uno y otro partido, lo que aumentó aún más el ambiente de crispación y conflictividad que reinaba en el pueblo.

Una de las primeras decisiones de la nueva corporación fue suspender la Velada de Santiago y Santa Ana, dada la crítica situación obrera. El 19 de junio, el obrero Manuel López Salguero solicitó de la Corporación que las dos mil ochocientas pesetas consignadas en presupuesto para la celebración de fiestas religiosas (entre ellas, por supuesto, la Romería de Valme) fueran destinadas a sufragar entierros que se hicieran por lo civil, ya que «la Religión Católica es despreciada por la conciencia ciudadana«. El primer teniente de alcalde, Manuel Terrero Sánchez, le contestó que esa partida ya se había gastado en dar empleo a los obreros. Por ello, en compensación, la Corporación acordó eximir del arbitrio correspondiente a todos los entierros civiles. Esta medida fue efusivamente felicitada por la Agrupación Libre-Pensadora de Barcelona, en un telegrama recibido por la Corporación el día 2 de julio.

Posteriormente, se produjeron los sucesos de la «Semana Trágica» de julio de 1931, causados por la huelga revolucionaria que estalló en Sevilla en día 20. En Dos Hermanas se produjo un violento choque entre obreros y guardias civiles en la calle Real, que se saldó con varios heridos y algunos detenidos, entre los que se encontraba el alcalde, Fernando Fournón. Días después, el 3q de julio, el segundo teniente de alcalde, Antonio Muñoz Benítez, sugirió que se cambiara el nombre de la calle Nuestra Señora de Valme por el de Calle del Crimen. Como hubo disparidad de criterios sobre la conveniencia de llevar a cabo o no el cambio, los ediles acordaron discutir el nuevo nombre en la próxima sesión. Finalmente, se acordó que la calle Nuestra Señora de Valme pasara a llamarse José Nakens. Meses más tarde se culminó este importante proceso con el cambio de los nombres que tenían carácter religioso (Marcelo Spínola, Jesús del Gran Poder, San Fernando…) por otros más del gusto de ediles republicanos.

El 18 de diciembre, el secretario del Ayuntamiento leyó tres solicitudes, una de la Hermandad del Valme, otra de los vecinos de la calle Nuestra Señora de Valme y una tercera de varios vecinos de Dos Hermanas, para que la Corporación revocara el acuerdo de cambiar el nombre de la calla Nuestra Señora de Valme por el de José Nakens. Se suscitó una viva polémica entre los concejales, demostrativa de que los republicanos se preocuparon más de cuestiones nimias e insignificantes que de resolver los graves problemas del pueblo. Algo parecido ocurrió en Sevilla cuando se cambió en nombre de la calle de Jesús del Gran Poder, por la pretensión del Ayuntamiento republicano de eliminar la «corte celestial» que había en las calles de la capital.

El siguiente acuerdo de la Corporación fue el de denegar a la Hermandades de Penitencia de Dos Hermanas (Vera Cruz, Santo Entierro, Oración del Huerto y Gran Poder), la cantidad consignada en presupuesto para cada una de ellas. El Ayuntamiento les respondió diciendo que ese dinero se había empleado en medidas para remediar el paro obrero, y que, además, siguiendo su propio criterio y el del Estado, no podía librar cantidad alguna para atender actos religiosos.

En este estado de cosas, no debe de sorprendernos lo que ocurrió con la Romería de Valme es estos años. Durante el primer bienio republicano (el llamado «bienio rojo», bienio de izquierdas o bienio social-azañista), la Romería estuvo suspendida y fue sustituida por un triduo, una función y un solemne besamanos en la Parroquia de Santa María Magdalena. en los programas de estos años no aparece el título de «Real» que ostentaba la Hermandad, por haber dejado de ser España una monarquía. Estos mismos actos se repitieron en los años 1932 y 1933. La suspención de estos años se debió a la reducción ostensible del número de hermanos y la falta de recursos económicos de la Hermandad, una vez retirada la subvención por parte de la Corporación.

Por otra parte, en diciembre de 1931 fue elegido hermano mayor de Valme D. Manuel Calvo Leal, médico titular de Dos Hermanas y antiguo líder del partido conservador, que ocupó el cargo hasta 1934.

En las elecciones de 1933 triunfaron el Partido Radical de Alejandro Lerroux y la coalición de derechas, la CEDA, liderada por José María Gil Robles. Así comenzó el llamado «bienio negro» o radical-lerrouxista (1943-1935), durante el cual, aunque descendió la conflictividad social y laboral mediante la represión a los sindicatos, no se pudo acabar con los graves problemas de la nación.

Con la llegada de la derecha al poder, se constituyó un nuevo Ayuntamiento en Dos Hermanas, esta vez presidido por José María Gómez Claro. Recién elegida la Corporación, el secretario de la Hermandad de Valme, Agustín Salguero López, y numerosos vecinos del pueblo solicitaron que se restituyera a la calle José Nakens su anterior nombre de Nuestra Señora de Valme. Los munícipes acordaron por unanimidad lo solicitado.

La relativa calma que se vivía en España por la disminución del ambiente de crispación y conflictividad hasta entonces reinante permitió que la Romería pudiera celebrarse normalmente en 1934 y 1935. La organización y el programa de las romerías de estos dos años no fueron muy diferentes a los de los anteriores: diana por la banda de la Cruz Roja a las seis de la mañana, salida de la comitiva a las ocho, llegada de los romeros a las once, almuerzo campestre a la una, a las cuatro salida hacia Dos Hermanas, adonde se llegaría sobre las ocho, de la tarde. Los premios se repartieron uno y otro año desde el Casino de Acción Popular, al que estaban afiliados la mayor parte de los hermanos de la Hermandad.

Acerca de la carreta de la Virgen disponemos de pocos datos, aunque por las fotografías conservadas, sabemos que era mucho más modesta que las anteriores, a causa de la difícil situación económica que atravesaba la Hermandad. El exornista pasó a ser el propio hermano mayor, Tomás Moreno, por la muerte de Diego Justiniano Lamadrid.

La victoria del Frente Popular, que aglutinaba a las fuerzas de izquierdas, en las elecciones de febrero e 1936, conllevó la destitución de la Corporación Municipal de Dos Hermanas. Así, el 21 de febrero quedó constituido el nuevo Ayuntamiento, presidido por el socialista Manuel Rubio Duval. El primer acuerdo que tomó la Corporación fue el de cambiar nuevamente los nombres de las calles del pueblo.

El 18 de julio de 1936, con la sublevación de las guarniciones de Sevilla y el norte de África, se inició la Guerra Civil. En la madrugada del día 19, la parroquia de Santa María Magdalena fue incendiada por los partidarios de la República y quedó destruida en su totalidad. La imagen de la Virgen de Valme fue rescata del incendio por el párroco, D. Manuel García Martín, el sochantre, Enrique Bautista Moreno, el hermano mayor, Tomás Moreno Muñoz y otros miembros de la Hermandad de Valme, entre los que se encontraba Manuel Bautista Moreno. Posteriormente, fue trasladada al domicilio particular del hermano mayor, y, días más tarde, quedó instalada en un altar de la Capilla de San Sebastián, donde permaneció hasta el final del conflicto.

En Dos Hermanas fueron fusiladas ciento treinta cinco personas el día 20 de julio por las tropas sublevadas. Entre ellas se encontraban el alcalde, Rubio Duval, y Juan Antonio Carazo Gómez, impulsor de la Romería en 1916.

En la noche del 21 de julio, tomó posesión la nueva Comisión Gestora municipal, integrada por Manuel Andrés Traver, Carlos Delgado de Cos y Antonio Gómez Zambruno, hermanos todos de la Hermandad de Valme. El primer acuerdo tomado por los nuevos ediles fue el de suprimir los tradicionales festejos de Santiago y Santa Ana, y destinar la consignación presupuestaria para las fiestas a una abundante limosna de pan distribuida entre la población los días 25 al 29 de julio.

La Junta General de la Hermandad de Valme decidió no celebrar la Romería y «en su lugar sacar procesionalmente por las calles a la protectora especial del pueblo de Dos Hermanas la milagrosa imagen de Nuestra de Señora de Valme«. Y en efecto, en la mañana del domingo 25 de octubre se celebró una solemne misa en la Capilla de San Sebastián y, desde las doce hasta las seis de la tarde, estuvo en besamano la imagen de la Virgen de Valme. A las siete y media de la tarde salió la Santísima Virgen en solemne y concurrida procesión de rogativas.

El 16 de diciembre, la Comisión Municipal conoció la solicitud del párroco, D. Manuel García Martín, de que el Ayuntamiento iniciara la suscripción popular con la que efectuar las obras de restauración del templo parroquial, destruido a causa del incendio provocado por los partidarios de la República en la madrugada del 19 de julio. Los concejales acordaron ceder la propiedad de seis parcelas, con un valor de tres mil cuatrocientas pesetas, al cura párroco, y así contribuir al arreglo no sólo de la iglesia, sino también de la Capilla de Nuestra Señora de Valme y de un valioso manto que había quedado dañado en el incendio.

En los años 1937 y 1939 la Virgen salió, también, en procesión.

El 24 de junio de 1939, a las seis de la tarde, se inauguró la Parroquia restaurada y, a continuación, se trasladó procesionalmente al Santísimo Sacramento y a la Virgen de Valme desde la capilla de San Sebastián a la Parroquia de Santa María Magdalena. Finalmente, el domingo 22 de octubre de 1939 y con tiempo lluvioso, se celebró nuevamente la Romería de Valme al Cortijo de Cuarto con una animación y solemnidad «dignas del Año de la Victoria«. A las seis de la mañana tuvo lugar la misa de romeros y a las nueve y media fue trasladada la Virgen a su modesta carreta, exornada con flores blancas. A pesar de la lluvia, la comitiva llegó hasta Cuarto, donde esperaban a los romeros el presidente de la Diputación, D. Antonio de la Peña, el gestor, Eduardo Gutiérrez y el secretario, Federico Vilanova. La misa la celebró D. Manuel García Martín y el sermón fue pronunciado por el doctor Bernardo Martí Raro, de la Colegiata de Jerez.

Por último, hemos de reseñar que, al regreso, cuando la Virgen pasó ante la Cruz de los Caídos, se rezaron unas oraciones y el alcalde. Diego de la Rosa, pronunció un breve discurso en memoria de los muertos en la Guerra.

Así se cierra este turbulento período, no solo de la historia de la Romería de Valme, sino de la Historia de España. En particular, la provincia de Sevilla («Sevilla la Roja») fue la más conflictiva del país durante la II República. Todo ello repercutió decisivamente en la población y, como es lógico, en sus manifestaciones religiosas. Las Hermandades sevillanas afrontarían un difícil período de recuperación a partir del año 1940.

La Romería de Valme atravensando el paso a nivel de La Salud (1934)

La Romería de Valme atravensando el paso a nivel de La Salud (1934)

Don Manuel Bautista Moreno bajando a la Virgen de Valme de su carreta (1934)

Don Manuel Bautista Moreno bajando a la Virgen de Valme de su carreta (1934)

Caballistas y romeros de Valme en la venta de Las Palmas (1934)

Caballistas y romeros de Valme en la venta de Las Palmas (1934)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Años de esplendor (1919-1930)

Por fin se puede relatar una época de auge para la Romería, en esta entrada se muestra este ascenso de la Romería y su consolidación, tras años difíciles, como se ha visto en las anteriores entradas.

A partir del año 1919, y hasta 1930, se desarrolló una de la etapas más brillantes de la historia de la Romería de Valme. Esta circunstancia estuvo motivada por varias razones:

  • En primer lugar, por el periodo de auge que experimentó Dos Hermanas como pueblo importante de la provincia de Sevilla. Su población aumentó considerablemente hasta situarse cerca de los catorce mil habitantes en 1930; las industrias, principalmente del aderezo de la aceituna, atrajeron mano de obra foránea; y comenzaron a realizarse obras para mejorar las infraestructura del pueblo (alumbrado eléctrico, alcantarillado y pavimentación de calles y plazas).
  • También, la propia capital hispalense experimentó una mejora generalizada en su infraestructura y en las condiciones de vida de la población. Las obras realizadas con motivo de la Exposición Iberoamericana y los preparativos de ésta contribuyeron a ello y se creó un clima de optimismo que antes no existía entre la población. Se extendió, en suma, un espíritu alegre y festivo que redundó en un aumento de participación en las fiestas tradicionales. La Semana Santa, la Feria y la Romería del Rocío conocieron períodos de esplendor durante los «felices años veinte«. Lo mismo ocurrirá, como veremos, con la Romería de Valme, que por su proximidad a Sevilla se «contagió» de este ambiente de optimismo y prosperidad.
  • A todos estos logros y obras contribuyó la existencia de un gobierno estable, la Dictadura militar instaurada por Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923. La labor de ésta consiguió sanear la hacienda estatal, impulsar la economía nacional, promover la construcción de numerosas obras públicas y acabar con el problema de Marruecos (1925) y con la conflictividad social. Es indudable que muchos otros problemas quedaron aún sin resolver, pero el ambiente de crispación social anterior desapareció y así se dio paso a los «dorados y locos veinte».
  • Finalmente, la llegada a la Junta de Gobierno de la Hermandad de personas como Antonio García Rodríguez, hermano mayor durante esta etapa, José Agustín Baena de León y Caro, tesorero de la corporación, Manuel Andrés Traver, alcalde y hermano mayor al mismo tiempo, Manuel Calvo Leal, secretario de la Hermandad y médico titular de Dos Hermanas, Diego Justiniano Lamadrid, autor de la primera carreta de flores de papel para la Virgen, Elena Molina de la Muela, esposa de José María Abaurre, camareras de la Virgen de Valme en esta década, y los párrocos D. Manuel López Doval y D. Manuel García Martín, entre otros muchos, hombres emprendedores y bien situados social y económicamente, logró que la Romería de Valme experimentara una etapa de esplendor y brillantez en todos los aspectos.

A la Romería acudían cada vez más personas de Sevilla y de pueblos cercanos, incluso con carretas y carros engalanados; los principales fotógrafos de la época, Serrano, «Gelán», Sánchez del Pando, «Dubois» y Olmedo, realizaban cada año numerosas fotografías de la Romería, y los diarios sevillanos más importantes dedicaron amplísimas y detalladas crónicas no sólo de la Romería, sino a los preparativos y al ambiente que había en los días precios a la misma. Todo ello propició que más de una vez se diera el calificativo de «sevillana» a la Virgen de Valme desde la mayoría de los diarios y, por ende, a su Romería, por ser la más próxima de todas a la capital.

En 1919 fue «El Liberal» el periódico que más espacio dedicó a hablar de la Romería, siendo este su primer artículo sobre la misma; en el artículo que da reflejado el momento de la llegada de la Virgen de Valme a Cuarto. De la llegada cabe destacar como: «Centenares de jinetes á todo correr de sus caballos hacen irrupción en la hermosa explanada en que la ermita se encuentra. Una banda de música que no cesa de tocar alegres composiciones. Se oyen vivas á la Virgen pequeñita. Todos los hombre se descubren, hincando una rodilla en tierra y por el carril que conduce hasta el cortijo avanza la carreta sobre la que en preciosos templete dorado viene la milagrosa imagen. El momento es solemne.»

En el siguiente año, 1920, se suscitó una curiosa polémica entre la Hermandad de Valme y otra Hermandad que, con el título de Nuestra Señora de los Reyes, se había fundado en la Capilla de la sevillana Plaza de Molviedro. Esta Hermandad, impulsada por el beneficiado de la Catedral D. Juan Cabello Castilla, no tenía otro fin que el de realizar una romería a la Ermita de Cuarto a la vez que la Hermandad de Valme. Este noticia causó bastante malestar en Dos Hermanas y este año ambas procesionaron a la Ermita de Cuarto, una desde Sevilla y la otra desde Sevilla. En efecto, a las nueve de la mañana del domingo 24 de octubre, se puso en marcha la comitiva de Sevilla, organizada igual que la de Dos Hermanas: hermanos a caballo, carreta tirada por bueyes con la Virgen de los Reyes y, detrás, numerosos hermanos utilizando todos los medios de transporte conocidos, sin faltar alguna que otra carroza. La comitiva de Dos Hermanas salió, como de costumbre, a las ocho, y ambas llegaron al Cortijo de Cuarto cerca de las doce. Una vez concluida la función religiosa, los romeros se disgregaron en grupos y organizaron animadas fiestas. Por la tarde se rezó el Santo Rosario y seguidamente se inició el regreso. Al siguiente año, tras las gestiones del hermano mayor y del tesorero de la Hermandad de Valme, la Hermandad de la capilla de Molviedro trasladó su fecha de salida a la primavera. Que se sepa la Romería de la Virgen de los Reyes continuó celebrándose hasta 1930.

En 1921, las crónicas empiezan a mostrar las intenciones de «retozar á la vera de la mujer amada o beber unos vasos de vino» de algunos romeros. En este año, la Hermandad decidió que la Romería se celebrara en rogativa por la campaña de Marruecos.

El año 1922 merece especial atención por una serie de motivos que pasaremos a analizar enseguida:

  • En primer lugar, se estrenó la nueva carreta de flores, diseñada por Diego Justiniano Lamadrid y Elena Molina de la Muela para la Virgen de Valme. Se dejó de utilizar, por tanto, el templete neogótico de madera dorada que venía empleándose desde 1916, mucho más acorde con el estilo y la cronología de la imagen. Y es más que posible que este mismo año la Virgen estrenara el manto granate de castillos y leones, donado por Dª Elena Molina y bordado por varia mujeres nazarenas, y para el que la Hermandad llevaba recaudando dinero desde 1920.
  • La prensa anunciaba que una importante empresa cinematográfica de Paría realizaría una película de la Romería, para darla a conocer en el Salón Español de Dos Hermanas. Además, se había invitado a la peregrinación al Gobernador Civil de la provincia, al Infante D. Carlos de Borbón, Capitán General de Andalucía, y a su esposa, la Infanta Dª. Luisa de Orleans.
  • Aparecía en los programas de la Romería el presbítero nazareno D. Luis Peña Sánchez como invitado para predicar el acostumbrado sermón desde el púlpito de la Ermita.

Pero el día 22, domingo señalado para la celebración de la Romería, amaneció lloviendo, y los chaparrones continuaron durante todo el día, aunque la Junta de Gobierno y el párroco acordaron salir en procesión hacia la Ermita a pesar del tiempo desapacible. Por supuesto, ni la célebre empresa parisina, ni los infantes ni el Gobernador Civil acudieron a la Romería, ya que pensaban que se había aplazado para el domingo siguiente a causa del mal tiempo.

En 1924 tuvo lugar, por primera vez el traslado procesional de la Santísima Virgen desde su camarín al altar mayor, donde, acto seguido, se verificó el besamano.

En 1925, primer año como hermano mayor de D. Manuel Andrés Traver, la carreta de la Virgen, al efectuarse en la noche del sábado anterior la prueba de su alumbrado eléctrico sufrió un aparatoso incendio que la dejó en unas condiciones lamentables para el día siguiente. Rápidamente, D. Manuel Andrés fue a Sevilla en busca del exornista Francisco Pérez Lama, encargado de montar y preparar la Velada de Santiago y Santa Ana. En su coche cargaron algunas flores de papel y otros adornos, y, con gran cantidad de tuya y la habilidad de Diego Justiniano y de los miembros de la Hermandad, se consiguió reparar los desperfectos causados por el desgraciado accidente. Por lo demás, esta Romería de 1925 se celebró con el esplendor tradicional.

En 1926 y según rezan las crónicas fue «prodiga en accidentes desgraciados: sangrienta reyerta, un caballo que encabrita hiere a tres muchachas, niño atropellado, vuelco de una carro. En total, seis heridos, tres de ellos graves

Una vez pasada la Romería de 1926, la Hermandad, a propuesta del nuevo párroco D. Manuel García Martín, decidió realizar diversas reformas en el Santuario de Cuarto, entre las que se encontraban el cercado del recinto con muros y verjas de hierro y el plantado de árboles en los alrededores de la Capilla. No obstante, estas obras no pudieron terminarse hasta septiembre de 1928, puesto que el Hospital de la Resurrección de Utrera, esgrimiendo ciertos derechos de propiedad sobre el vallado de los terrenos.

En la Romería de 1928 se bendijo el chalet que en «Barranco» había construido «el exalcalde y rico industrial D. Joaquín Varo Jiménez«.

El diseño de la carreta de la Virgen fue evolucionando en estos años. Pero si mejoraba la carreta, cuyo exorno variaba todos los años, también mejoraban otros aspectos de la Romería, como, por ejemplo, los cultos precios a la festividad, que constaba de un triduo en las vísperas de la Romería y de un Rosario procesional por las principales calles del pueblo la tarde anterior. Este solemne triduo fue predicado, en años sucesivos, al igual que la función de Cuarto, por los oradores sagrados más famosos que había entonces en Sevilla. Así, destacaron, entre otros, los ya citados D. Antonio Romero Montes, D. Manuel López Doval, D. Rafael Rodríguez García y D. Manuel García Martín.

En 1929, se publicó la primera reseña a la Romería en el recién estrenado (12 de octubre) diario «ABC». Aunque fue algo escueta ya que toda la información la acaparaba en aquellos días la Exposición Iberoamericana. Entre las crónicas de la Romería se informaba de cómo los romeros de Dos Hermanas se encontraban con romeros de Sevilla, en carretas engalanadas de San Julián, Puerta Osario, Triana y Puerta de la Carne, en el paso a nivel de la Venta de Salud. Estas reseñas indican la fama y el arraigo que había adquirido durante esta década la Romería de Valme en la capital hispalense. En este año, la Romería tuvo un carácter especial por los «fastos» del certamen iberoamericano. También destacar que la Virgen estrenó un precioso sillón de caoba y plata realizado por el ebanista nazareno Miguel Ponce Bancalero y que, en los cultos, intervino la prestigiosa capilla musical del maestro Eduardo Torres.

Con la brillante Romería de 1930, concluyen estos doce años de auge para la festividad. Se ha comprobado como aumentó la asistencia, sobre todo, de sevillanos; cómo se reformó la carreta de la Virgen; se introdujeron reformas y mejoras en el vestuario de la imagen; como aumentó el programa y la cuantía de los premios; pero lo más importante es que se extendió la devoción a la Virgen de Valme por toda la comarca sevillana.

Vista de la Romería de Valme por el campo (1919)

Vista de la Romería de Valme por el campo (1919)

Carreta de la Virgen de Valme (1922)

Carreta de la Virgen de Valme (1922)

Carreta de la Romería de Valme (1925)

Carreta de la Romería de Valme (1925)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Años de decadencia (1901-1918)

Seguimos con este fascinante viaje a través de la historia de la Romería, en las anteriores entradas se descubrió el origen y los antecedentes de la fiesta y como fueron las primeras Romerías. En esta entrada se echa un vistazo a unos años en los cuales no se celebró por falta de dinero.

Desde 1901 hasta 1905 no existe ningún dato acerca de la celebración de la Romería de Valme ni en la prensa sevillana ni en las actas capitulares del Ayuntamiento de Dos Hermanas, que concedía anualmente una subvención a la Hermandad para contribuir a los gastos de la fiesta. A pesar de la ayuda municipal y de los generosos donativos del «protector» Lamarque (que solían ascender a una quinientas pesetas anuales), la Hermandad liquidó con déficit los presupuestos de los años 1987, 1898 y 1899. No ocurrió así en 1900 y 1901, pues, al no celebrarse la Romería, hubo saldos positivos.

Con los ingresos anuales de la Hermandad (unas mil quinientas pesetas), no podía costear los cuantiosos gastos de la Romería, cuyo presupuesto superaba las quinientas pesetas. Tampoco hay que olvidar que la Hermandad estaba obligada a celebrar, con el mayor esplendor posible, triduo, función y procesión en junio coincidiendo con la festividad de San Juan, lo cual aumentaba aún más los gastos de la corporación, que, por lo general, solían superar notablemente la cifra de ingresos.

En cualquier caso, el 29 de septiembre de 1901, la Hermandad, reunida en junta general, a propuesta de los hermanos Joaquín Rodríguez (alcalde primero) y Carlos Carvajal (secretario primero), acordó por unanimidad y sin discusión alguna que no se volvería a celebrar la Romería hasta que la Hermandad lo juzgase oportuno y existieran fondos suficientes.

De esta manera, los primeros años del siglo XX, la Romería no se celebró, debido principalmente a la causa antes indicada, la falta de recursos económicos, aunque hubo otras circunstancias que influyeron en la suspensión: sucesión precipitada de gobiernos liberales y conservadores con la consiguiente inestabilidad política, caciquismo, huelgas revolucionarias de Barcelona, Bilbao y Andalucía (1902-1905), sequía y hambruna de 1905-1906, «Semana Trágica» en Barcelona (1909), «Ley del Candado» (1910) en contra de las órdenes religiosas, huelga general ferroviaria (1912), primeros años de la Gran Guerra Europea (1914-1915).

Habría que esperar hasta que, en junio de 1916, la Hermandad, a propuesta de numerosos hermanos y vecinos del pueblo, decidiera suspender las funciones del día de San Juan, que eran las únicas que se habían venido haciendo desde que suspendiera la Romería, y empezar a hacer cálculos para volver a celebrar la Romería. Se hicieron rifas, sorteos y hasta se instaló una gran tómbola en la Velada de Santa Ana. Pero no fue suficiente, ante el compromiso adquirido con los vecinos del pueblo y el deseo de la mayoría de los hermanos para que se volviera a celebrar se vio obligada a acudir al Ayuntamiento, entonces presidido por D. Juan Antonio Carazo Gómez. El alcalde ofrece doscientas pesetas para premios y doscientas pesetas para contribuir a los gastos de la Romería, obtenidos de las mil quinientas pesetas destinados a sus gastos de representación. El domingo 22 de octubre se vuelve a celebrar la Romería impulsada, como hemos visto, por el alcalde. La Romería de este año no fue todo lo exitosa como se preveía debido a que la víspera había habido un conflicto en la Fábrica de Yute, debido a la retirada de la maquinaria de la fábrica, cerrada ya hacía tres años; por el cual, setecientas mujeres entraron en la fábrica y destruyeron todo lo que se encontraron a su paso, teniendo la Benemérita que pedir refuerzos ante la situación producida.

Contribuyó a esta nueva etapa de la Romería, iniciada en 1916, la renovación de la casi totalidad de los cargos directivos de la Hermandad, que prácticamente desde 1980, habían estado ocupados por los mismos hermanos. Entre los nuevos directivos, se encontraban D. José Sánchez Rubio (hermano mayor), D. Antonio García Rodríguez (teniente de hermano mayor), D. José Agustín Baena Caro (tesorero), D. José Díaz Gómez y D. Francisco Gómez García (alcaldes) y D. Manuel Tinoco Rodríguez y D. Antonio Troncoso Herrera (secretarios).

En 1917 se celebró de nuevo la Romería, de este año se sabe que el Ayuntamiento concedió 150 pesetas para premios, que la misa de Cuarto estuvo a cargo de D. Antonio Mañes Jerez, beneficiado de la Catedral de Sevilla, y que de Sevilla y los pueblos cercanos acudieron muchos romeros, que utilizaron toda clase de medios de transporte. También cabe destacar que en sesión celebrada el 30 de noviembre de 1917, el Ayuntamiento acordó consignar en su presupuesto anual la cantidad de 500 pesetas para la Romería de Valme, 250 para la Hermandad y la misma cantidad para gastos, una cifra nada despreciable para la época, y sensiblemente superior a la que tenían asignadas otras hermandades del pueblo.

En 1918 se proyectó la celebración de la Romería para el domingo día 20, con un programa similar al de años anteriores. Sin embargo, a causa de una epidemia de gripe que por entonces causaba estragos por Sevilla, y por orden del Gobernador Civil de la provincia, la Romería fue suspendida dos días antes de su celebración. En vista de que la enfermedad contagiosa remitió y que los pocos casos de gripe eran todos muy leves, se consiguió del Gobernador que autorizara la celebración el domingo día 27, último del mes de octubre. Y con la solemnidad acostumbrada se llevó a cabo la fiesta. A las once llegaron los romeros a la Ermita, y se celebró una solemne misa oficiada por el párroco, D. Antonio Romero Montes, ayudado por el diácono D. Luis Peña Sánchez.

Así cerró este período, con la recuperación de la Romería y el inicio de una etapa de esplendor y reforma dentro de la Hermandad de Valme.

Grupo de romeros en la explanada del Cortijo de Cuarto durante la Romería de Valme (1916)

Grupo de romeros en la explanada del Cortijo de Cuarto durante la Romería de Valme (1916)

Carro con un grupo de romeras en la Romería de Valme (1916)

Carro con un grupo de romeras en la Romería de Valme (1916)

Carreta de la Virgen de Valme (1917)

Carreta de la Virgen de Valme (1917)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Las primeras Romerías (1894-1900)

Continuamos con la serie de entradas referidas a la historia de la Romería, en la anterior se fijaron el origen y los antecedentes de la fiesta, en este se ahonda en las primeras romerías.

Como ya se ha dicho, con el patrocinio de Lamarque y de los miembros de la Hermandad, se decidió celebrar anualmente una Romería con la imagen de la Virgen de Valme hasta el Real Santuario situado en el Cortijo de Cuarto.

Se eligió la primera celebración romera la fecha del tercer domingo de octubre del año 1894, ya restaurada la imagen de la Virgen y estabilizada económicamente la Hermandad con la ayuda de Lamarque, quien, sin dudad, sufragó los gastos de esta primera Romería.

Se estableció que si por causa del mal tiempo la Romería no se pudiese celebrar esta pasaría a domingo inmediato, el 27 de octubre; como así sucedió. En los días previos a la celebración, un temporal de lluvias azotó Sevilla y su comarca, por lo que la Hermandad, con acertado criterio, decidió posponer la Romería hasta el domingo siguiente.

Días más tarde el «Diario de Sevilla» recogía una pequeña crónica sobre como se había desarrollado esta primera Romería de Valme:

«En Dos Hermanas verificaron con gran entusiasmo el domingo la anunciada Romería de Valme. Con un día amenazando lluvia salimos de esta villa á las ocho de la mañana, acompañando á Nuestra Señora de Valme, en romería, al bonito santuario que existe en el próximo cortijo de Cuartos.

La carreta que conducía la imagen estaba engalanada con mucho gusto, mereciendo plácemes por los preparativos de dicha fiesta los Sres. Lamarque de Novoa, Avila y Ramos y D. José Ruiz y Ruiz.

El acompañamiento ha sido numerosísimo, recordando que concurrieron á la fiesta los señores Valera Martín, y Valera y García (don Francisco), Ibarra (don José y don Luis), marqués de Torrenueva, Lastra (don Antonio y don José), González Ibarra, del Pino, Flores Santamaría, Grimarest y otras muchas personas distinguidas de la capital.

Después de oída una misa solemne, hubo gran animación de la explanada del santuario, por la tarde se cantó una salve, regresando los romeros á las seis de la misma. La banda municipal tocó los más escogido de su repertorio».

A pesar de la brevedad y concisión de esta información, podemos hacernos una idea de cómo se celebró aquella Romería. Así, observamos que su organización no era muy diferente a la de la actualidad: salida a las ocho, llegada, al Santuario y misa solemne, almuerzo, canto de la Salve y regreso al pueblo. Con un horario muy diferente al de nuestros días, la comitiva romera emprendió el camino de regreso a las cuatro de la tarde y entró en Dos Hermanas en torno a las seis.

En 1895, la Romería se celebró el día 20 de octubre. Muchos diarios publicaron en sus páginas el programa de la fiesta que, a grandes rasgos, decía lo siguiente: salida a las ocho de la mañana, llegada al Santuario a las diez, y solemne misa con sermón a cargo de D. José Ruiz y Ruiz, misionero apostólico y cura de la Parroquia de San Lucas de Jerez, regresó de la procesión por la tarde y entrada en la villa a las ocho. Los diarios se hicieron eco del éxito de la Romería y de las 3.000 almas que fueron a ella, una cantidad considerable teniendo en cuenta que Dos Hermanas contaba en aquella época con 7.000 habitantes. La carreta donde iba la virgen artísticamente adornada de flores, de cuyo centro se elevaba un precioso templete gótico preparado con flores naturales de la Alquería del Pilar por Antonio Alcocer, jardinero de Lamarque, y bajo la supervisión de éste.

Los pronósticos para esta segunda Romería fueron totalmente desbordados, según la prensa de la época, la aglomeración de público fue tal que la Romería de Valme superó a las que se celebraban treinta años antes en Torrijos y el Almonte. Como hechos curiosos destacar: que asistieron más de treinta y dos carros y carretas vistosamente engalanados, que la comitiva se encontró con el tren de las diez y cuarto, que asistieron importantes personalidades de la época y que se hubo de colocar la Efigie en el altar mayor para que los devotos le besaran el manto.

Con un programa similar se celebró la Romería de los años siguientes, mereciendo destacarse que en 1896 la fiesta constituyó una verdadera procesión de rogativas, por «los males que á la patria afligen«. Con esta frase, un cronista de la época se refería a las graves consecuencias de la Guerra de Cuba, iniciada en febrero de 1895, y de la de Filipinas, que comenzó en agosto de 1896. La carreta de la Virgen iba adornada con flores moradas y, en el sermón pronunciado en la misa celebrada a la llegada de los romeros a la Capilla, D. Antonio Romero Montes, párroco de Dos Hermanas, expuso las causas de esos «males» según la mentalidad de la época: «las causas productoras de los males porque atravesaba la patria estrivaban en que el pueblo habíase alejado del altar, pues durante las épocas de gran fé, España vióse rodeada de grandezas sin cuento«.

Para la Romería de 1897, la Hermandad acordó realizar una tirada de cincuenta carteles con el programa oficial de la fiesta, con el fin de distribuirlos en los locales públicos de Dos Hermanas y en alguno de los pueblos limítrofes. Del extenso programa que se distribuyó cabe destacar las siguientes consideraciones: la primera, es que los carros y carretas por primera vez irían numerados según su llegada a la plaza de la iglesia, la hermandad se vio obligada a tomar esta medida por la masiva afluencia de carros en años anteriores y para evitar disputas entre los conductores; la segunda, es la primera vez que se hace referencia a los premios para los carros y carretas, costumbre que quedó instaurada para siempre aunque con el tiempo fue aumentando el número y cuantía de los premios; y en tercer lugar, la forma en la que se realizaría el regreso de la comitiva, con hachones y bengalas encendidas para iluminar la carreta de la Virgen, dado que entonces no existía aún iluminación eléctrica.

En 1898 la Hermandad de Valme acordaba que la fiesta era la más agradecida por el pueblo nazareno, esto revela la importancia que estaba adquiriendo la Romería. Se publican amplias crónicas sobre la Romería, de estas crónicas se desprende que la organización de la procesión era bastante diferente a la de la actualidad y, quizás, mucho más «procesional» y organizada que típicamente romera. También es curioso ver como acudían a la Romería las camareras, los munícipes y los músicos en carros, en riguroso orden tras la carreta de la Virgen. La Hermandad cuidaba al máximo el orden del cortejo que quedaba de la siguiente forma: la Virgen, carruajes, carretas y carros. Igualmente, se sabe que el cortijo había unas doce casetas, levantadas por el Ayuntamiento, la Hermandad, el juez y exalcalde, D. Francisco Ávila Ramos y varios particulares. En este año la Romería se suspendió el 16 de octubre a causa de las lluvias.

En 1899, la Romería se celebró como en los años anteriores, con gran afluencia de público y, sobre todo, «gran número de personas de la buena sociedad sevillana«. Esto nos ratifica que la Romería de Valme era una fiesta aristocrática por excelencia. Cabe destacar que este año deja de nombrarse a D. José Lamarque de Novoa como organizador de la Romería, y «depositario» de la carreta de la virgen. En su lugar, aparece como propietaria la señora viuda de D. Manuel Valera, que a la sazón era Dª Brígida García y García.

En 1900, a causa de las impresionantes lluvias, que inundaron varias zonas de Sevilla capital y su comarca, se decide suspender la Romería hasta el mes de mayo del siguiente año. Pero llegado el mes de mayo de 1901, D. Eduardo Miura, propietario del Cortijo de Cuarto solicita a la Hermandad que no se celebrara su proyectada peregrinación, por los daños que podrían causar los romeros en sus sembrados, muy próximos a la Ermita, ya que las labores agrícolas se hallaban muy avanzadas. Aunque la Hermandad no estaba de acuerdo al final se decidió la no celebración de la Romería.

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Origen y antecedentes

Con esta entrada iniciamos la serie de entradas que nos mostrarán la historia de unas de las fiestas más significativas de la ciudad.

La presente entrada posee dos partes bien diferenciadas. En la primera de ellas se exponen, en orden cronológico, las diversas circunstancias que tuvieron como desenlace la celebración de la primera Romería de Valme en octubre de 1984. En la segunda parte, se analizan someramente los antecedentes históricos y culturales que subyacen a dicha celebración. Y nos prepara para adentrarnos de lleno en el fantástico viaje a travñes de la fiesta.

La novelista suiza Cecilia Böhl de Faber (1796-1877), marquesa de Arco-Hermoso, residente en Dos Hermanas entre 1822 y 1835, publicó, en noviembre de 1856, su novela de costumbres «La familia de Alvareda», inspirada en un hecho real ocurrido en Dos Hermanas. Con esta obra, la escritora, que ocultaba su verdadero nombre tras el seudónimo Fernán Caballero, se propuso atraer la atención de los Duques de Montpensier para que restauraran a sus expensas un deteriorado Pendón de rey Fernando III, que se conservaba en la Parroquia de Dos Hermanas, y la ruinosa Capilla de la Virgen de Valme en el Cortijo de Cuarto, mandada edificar por el mismo monarca en acción de gracias por la ayuda que la Santísima Virgen le prestó durante la Reconquista de Sevilla.

Fernán Caballero consiguió su propósito, y el día 1 de mayo de 1857, los Duques hicieron entrega del Pendón restaurado a la iglesia parroquial de Dos Hermanas, en una ceremonia solemnísima de la que se hicieron eco los principales periódicos sevillanos.

Dos años más tarde, el 9 de octubre de 1859, se inauguró la Capilla remodelada de la Virgen de Valme, también gracias a los Duques de Montpensier, quienes, además, costearon la edición de una Corona Poética, magníficamente imprimida en los talleres del sevillano Francisco Álvarez. La propia Fernán Caballero se encargó de recopilar los distintos poemas y de redactar el prólogo.

Así se inició uno de los periodos más importantes y decisivos de la historia de la villa de Dos Hermanas, que entonces comenzaba a despertar al progreso, y en particular, de la Hermandad de Valme, que, extinguida durante la invasión francesa (1808-1812), empezó a reorganizarse en este momento.

Empero no solo fueron Fernán Caballero y los Duques de Montpensier los iniciadores de este periodo de esplendor; el poeta y diplomático José Lamarque de Novoa, cónsul del Imperio Austro-Húngaro en Sevilla, se trasladó a Dos Hermanas y construyó para su esposa, la poetisa Antonia Díaz Fernández, en las afueras del pueblo, una mansión de recreo, rodeada de frondosos jardines, que ambos inauguraron en 1872 con el nombre de Alquería del Pilar, y que fue punto de reunión de los poetas, escritores y artistas más importantes del momento, como Fernán Caballero en sus últimos años de vida, el escritor y poeta Luis Montoto, el pintor Virgilio Mattoni y el escultor Adolfo López Rodríguez. De esta manera, Dos Hermanas contaba con el círculo posromántico más importante de Sevilla, y desde él, si duda, se impulsó la idea de realizar una romería anual en honor de la Virgen de Valme.

La llegada de Lamarque de Novoa supuso una «revolución» para el pueblo. Desgraciadamente, la pérdida de las actas capitulares del Ayuntamiento correspondientes a este período nos impide conocer que obras realizaría D. José a su costa. Debieron de ser muchas, ya que el propio Ayuntamiento nazareno, en 1901, reconocía que había sido «bienhechor» del pueblo.

Pero si fue bienhechor de Dos Hermanas, más lo fue de la Hermanadas de Valme, que, aunque reorganizada en 1870 de la mano de D. Juan Sánchez Martín, D. Antonio Muñoz García y D. Manuel López García, atravesaba momentos muy difíciles.

En efecto, la primera intervención de Lamarque en asuntos de la Hermandad se produjo el 25 de enero de 1893, cuando consiguió que el Pendón de San Fernando, depositado en 1868 por la Duquesa de Montpensier en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, fuera devuelto a la Parroquia de Dos Hermanas.

En los años siguientes, emprendió y financió numerosísimas reformas para engrandecer y restaurar el maltrecho patrimonio de la Hermandad de Valme, expoliado durante la invasión francesa a principios del siglo XIX. No en vano la Hermandad lo distinguió con el nombramiento, casi honorífico, de «hermano protector».

Además, se erigió en el principal promotor y mecenas de la Romería, cuya celebración había sido propuesta, tras la restauración del Santuario de Cuarto en los últimos meses de 1893, por algunos hermanas, con el fin de rememorar las hazañas y gestas de San Fernando durante el asedio de Sevilla, y evitar, al mismo tiempo, que el recién restaurado Santuario permaneciera en el olvido.

Para llevar a buen término la celebración de la nueva fiesta, la Hermandad nombró inmediatamente una comisión encargada de realizar los trabajos y gestiones oportunas para llevar a buen término la Romería. Así parece consignado en el acta del cabildo celebrado por la Hermandad el 25 de Abril de 1894,en el que, además, se acordó proceder a la inmediata restauración de la imagen de la Virgen que se encontraba en muy mal estado.

Se eligió para la celebración de la Romería el mes de octubre, cuando ya habían finalizado las tareas agrícolas. Es significativa la elección de ese mes, pues recordemos que, treinta y cinco años antes, y también en octubre, se había inaugurado la Ermita tras ser restaurada por los Duques de Montpensier.

La idea de celebrar una Romería anual al Cortijo de Cuarto entronca, posiblemente, con la tradición que existía desde antiguo de acudir en peregrinación al Santuario de Cuarto en determinadas épocas del año para implorar la ayuda de la Virgen. El sacerdote D. José Alonso Morgado, en su libro sobre Nuestra Señora de Valme, nos dice que la fiesta principal de la Virgen se celebraba, al menos durante los siglos XVI y XVII, en la Capilla el segundo día de la Pascua de Pentecostés; es decir, el mismo día en que se celebra la Romería del Rocío. A esta fiesta, acudían numerosos devotos de Sevilla, de los pueblos comarcanos y de las haciendas y alquerías próximas al Cortijo de Cuarto. En el Santuario se celebraba una misa solemne y, después, los remeros se dispersaban por el campo para almorzar, cantar y bailar. A la caída de la tarde, tenía lugar una pequeña procesión con la Virgen alrededor de la Ermita y se daba por concluida la fiesta. Desde luego, aquella celebración tenía unas características muy similares a las de la Romería que comenzó a partir de 1894: peregrinación al Santuario y día de asueto en el campo.

Por otro lado, hemos de citar también las numerosas y frecuentes procesiones de rogativas que, con la Virgen de Valme, se han celebrado a lo largo de los siglos desde la Ermita de Cuarto hasta Dos Hermanas para remediar distintos males. Así ocurrió, por ejemplo, en los años 1649, 1662, 1700, 1794 y 1800. En efecto, no debemos de olvidar que, con motivo de estar rogativas, la Virgen era traída a la Parroquia de Dos Hermanas, donde se celebraba una novena, y, tras el cese de la epidemia o catástrofe, la imagen se llevaba en procesión de acción de gracias hasta el Santuario de Cuarto, lo que constituía, en cierto sentido, una «fiesta» en la que participaban los vecinos de la entonces villa nazarena.

Recordaremos, también, que Sevilla es una ciudad eminentemente procesional, en la que la religión debe «entrar por los ojos» a los fieles. Esta religiosidad popular se manifiesta, principalmente, en un sin número de procesiones y actos culturales que están presentes durante todo el año en la vida de la ciudad

Tampoco podemos olvidar que las romerías han sido y son tradiciones arraigadas en Andalucía. La de Valme debemos enmarcarla dentro de un contexto en el que están o estuvieron, entre otras muchas, las Romerías del Rocío, de Torrijos, de Consolación y de la Caneca.

Por último, desde la Edad Media tenemos constancia de la existencia de romerías y peregrinaciones a Santuarios marianos. Hay referencias a ellas en as Cantigas de Santa María, de Alfonso X, y en los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo. Ambas obras datan de la segunda mitad del siglo XIII.

En síntesis, podemos decir que hay que situar el origen de la Romería de Valme a finales de 1893, cuando un grupo de hermanos sugirió la celebración de una peregrinación anual al Santuario de Cuarto. Esta «idea» fue decisivamente impulsada por D. José Lamarque de Novoa y por otros destacados personajes como el pintor Virgilio Mattoni y varios hermanos de la Hermandad, que, además, fueron iniciadores de importantes y numerosas reformas den el seno de la corporación.

La celebración de una romería o peregrinación en honor de la Virgen de Valme era, en cierto modo, una tradición que venía de antiguo, dado que las características de la fiesta que se celebraba en la Ermita de Cuarto entre los siglos XVI y XVIII son muy parecidas a las de la Romería que, con carácter anual, la celebración de la fiesta de la Virgen de Valme tenía la finalidad de rememorar un hecho histórico, la Reconquista de Sevilla por Fernando III, y que, además, siempre se ha asociado a un hecho religioso identificado sobre todo a partir de 1894, con el pueblo de Dos Hermanas.

Grabado de Doña Luis Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, Duques de Montpensier

Grabado de Doña Luis Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, Duques de Montpensier

Reverso del Pendón del Rey Fernando III como quedó tras la restauración realizada a expensas de los duques de Montpensier en 1857

Reverso del Pendón del Rey Fernando III como quedó tras la restauración realizada a expensas de los duques de Montpensier en 1857

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Paños cerámicos

Primer paño cerámico cofrade (con texto) ubicado para recuerdo imperecedero en el viario nazareno a instancias de la Hermandad de Pasión de la barriada de Las Portadas de Dos Hermanas.

Fue éste dedicado tras la pérdida de quien fuese alma mater de la corporación y posterior hermano mayor, José Mije Dìaz, justamente instalado sobre la fachada del negocio que regentaba en el callejón Santa Cruz, y cuya lápida fue inaugurada por su viuda el Viernes de Dolores 6 de abril de 2001.

El texto, así como la idea de materializar dicho azulejo, fueron debidas a la iniciativa de Antonio Jesús Jiménez García, congratulándose la Hermandad con el hecho de convertir en realidad dicho proyecto.

Citar como anécdota que la cofradía discurrió en silencio aquel Martes Santo ante el paño cerámico.

Archivo Manuel Vargas.

Plaza del Arenal

Con esta entrada iniciamos una serie de entradas dedicadas a conocer mejor nuestras calles, su historia, acontecimientos que sucedieron en ellas, curiosidades. Espero que sea de vuestro agrado. Empezamos con unas de las plazas más importantes de la ciudad: la «Plaza del Arenal».

La plaza se ha llamado, sucesivamente, Plaza de Alfonso XIII, de la República, de Calvo Sotelo y del Arenal.

En un padrón parroquial de 1884 se cita la «Casilla Arenal» entre las denominadas «Haciendas y Recreos», germen del actual nombre. En el pleno de 30 de mayo de 1906 se le dió el nombre de «Plaza de Alfonso XIII».

En pleno de 9 de marzo de 1910 se faculta al alcalde para «tratar con la Compañía de Ferrocarriles autorización para hacer un paseo en las parcelas de la Estación y cuanto sea preciso para cubrir la gavia y hermosear e higienizar la entrada de la población». El 16 de junio de 1911 se acuerda denominar ha esta nueva zona ajardinada «Paseo de Fedérico Caro» para diferenciarla de la «Plaza de Alfonso XIII», que se inaugura el 24 del mismo mes y año. El 2 de Diciembre de 1913 falleció Fedérico Caro. Pocos años más tardes, Trinidad Guillén Román y Antono Quintano Alcoba solicitan licencia para poner un cinematógrafo gratuito en este paseo «con el fin de proporcionar al pueblo solaz y esparcimiento en las calurosas noches del estío». El 11 de febrero de 1916 se acuerda arreglar los jardines del paseo, que queda con bancos, plantas, acacias de bolas y plátanos orientales. El 19 de mayo de 1916 se reseña que en vista del mal estado del tablado de la música, que se encontraba en el paseo, se pide presupuesto. De tal modificación que tablado queda más grande (de 4,50 m2 en lugar de 3,50 m2) y con dos escaleras de acceso. El 9 de febrero de 1917 la Compañía Ferroviaria comunica que dentro de dicho año «construirá un nuevo edificio de viajeros y adoquinará la entrada de la estación».

La Corporación republicana, el 18 de abril de 1931, es decir cuatro días después de proclamarse la República, se le impone el nombre de «Fermín Galán» a la hasta entonces «Plaza de Alfonso XIII». Sin embargo, debieron considerar el asunto ya que por acuerdo de 6 de mayo de 1931 se sustituyó el nombre por el e «Plaza de la República». El 25 de abril de 1945 se adjudican las obras de herraje y cubierta del kiosco de la música.

Terminada la Guerra Civil recibió el nombre de «Plaza de Calvo Sotelo». El 23 de junio de 1973 tuvo lugar en esta plaza la Coronación Canónica de la Virgen de Valme, por el Cardenal de Sevilla José María Bueno Monreal, siendo padrinos el Almirante Luis Carrero Blanco y su esposa Carmen Pichot. Tras las primeras elecciones democráticas, la plaza recobró su nombre popular de «Plaza del Arenal».

En 2001 se aprobó un proyecto de remodelación de la plaza y construcción de un aparcamiento subterráneo de 500 plazas; la obra se inauguró en abril de 2003. La nueva imagen consta de un escenario con concha acústica en lugar del antiguo «tablado de la música», que generó una gran polémica. Al lado de la estación se instaló un original monumento del escultor utrerano Salvador García, que pretende realizar un homenaje del pueblo de Dos Hermanas al viajero. El conjunto monumental consta de un armazón de grandes dimensiones, que recuerda una maleta, y tres figuras, dos hombres y una mujer, portando una maleta, una carpeta y una mochila. El 12 de octubre de 2003 se inaugura el altorrelieve conmemorativo del XXX Aniversario de la Coronación, situado un un lateral del escenario, el acto fue dirigido por el Arzobispo de Sevilla ,nombrado Cardenal 9 días después, Fray Carlos Amigo Vallejo, el Alcalde Francisco Toscano y el Hermano Mayor de Valme, José Ramón Gómez Tinoco.

Escenario de concha acústica
Escenario de concha acústica
Palmera y asientos
Palmera y asientos
Monumento de homenaje de Dos Hermanas al viajero
Monumento de homenaje de Dos Hermanas al viajero
Palmera
Palmera

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004

Monumento al Viajero

Este monumento es obra del artista utrerano Salvador García, y se colocó en 2001, con motivo de la remodelación de la «Plaza del Arenal».

En la memoria del documento se lee lo siguiente:
«Este es conjunto escultórico que pretende ser un homenaje del pueblo de Dos Hermanas al viajero y a todas aquellas personas que en su día arribaron a esta tierra y que hoy forman parte de su ciudadanía. De vocación monumental, está formado por dos elementos bien diferenciados que a sus vez constituyen una composición en la que ambos se integran y dialogan en perfecto equilibrio. Tanto la maleta, concebida como módulo escultórico de grandes dimensiones, como los personajes, armonizan conceptual como espacialmente. La horizontalidad y la verticalidad predominan en un conjunto que adolece de líneas oblícuas o discordantes. Los materiales empleados, acero cortén y bronce, juegan un papel importante en el aspecto visual y táctil de una obra que intenta ser al mismo tiempo didáctica y cercana al propio viandante. La perspectiva visual del conjunto debe prevalecer sobre cualquier anécdota puntual del mismo.
Como centro geométrico y compositivo se ha construido un armazón de grandes dimensiones que referencialmente recuerda una maleta. Simboliza el tránsito en forma de arco, pero al mismo tiempo puede suponer un punto de parada y encuentro. En el aspecto formal de esta obra, esqueleto de maleta, se ha sacrificado el detalle en función de la simplificación de planos y líneas. En su síntesis esencial radica su belleza estética. Esta interpretación de la maleta estaría compuesta principalmente por dos arcos que se engarzan y fijan al suelo y que con la incorporación de varios tirantes configuran la misma. El material empleado sería acero cortén, sus dimensiones serían de 8 metros de ancho por 5,5 metros de altura para cada uno de los arcos, alcanzando 2,2 metros de profundidad.
Las tres figuras, personajes que representan a dos hombres y una mujer, portarían una maleta, una carpeta y una mochila, indistintamente. Estilísticamente podríamos decir que esta obra escultórica está dentro del movimiento ‘nueva figuración’. Los volúmenes y enlaces suaves, prevaleciendo la elegancia sobre cualquier otra valoración calificativa que pudiese recibir el conjunto. Estas figuras alcanzarían la altura de 2,60 metros aproximadamente y estarían ubicadas en forma de triángulo, cuya situación espacial estuviese en perfecta sincronización y armonía con el módulo maleta, formando así un conjunto compositivo sólido. Se ejecutarán en bronce descansando directamente sobre el pavimento.»

Hombre con carpeta fabricado en bronce
Hombre con carpeta fabricado en bronce
Hombre portando una maleta fabricado en bronce
Hombre portando una maleta fabricado en bronce
Maleta fabricada en acero cortén
Maleta fabricada en acero cortén
Mujer llevando una mochila fabricada en bronce
Mujer llevando una mochila fabricada en bronce
Vista general del monumento
Vista general del monumento

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004

Monumento a la Fraternidad

Terminada la Guerra Civil se instala «La Cruz de los Caídos» en la Plaza de la Constitución, en la que figuraba, en el pedestal, los nombres de los vecinos caídos durante la guerra que pertenecían al bando ganador de la guerra.

Una vez instaurada la Democracia, en pleno de 26 de diciembre de 1979 se acordó imponerle en nombre de «Monumento a la Fraternidad» y eliminar de él «los signos, los nombres y la Cruz, respetando si es posible la cerámica de la Virgen de Valme». No obstante, al final se mantuvo el monumento tal como estaba, eliminando solo los azulejos e inscripciones con signos alusivos al Régimen anterior y las lápidas con los nombres de los «caídos». Tras esta remodelación, el Monumento fue inaugurado solemnemente el día 8 de octubre de 1983. Donde existían lápidas con los símbolos de la Falange y los nombre de las personas que murieron en la guerra de la facción ganadora, se colocaron losas de mármol elaboradas en el taller del marmolista «Espada» con trozos de poemas de Miguel Hernández («Llorad, lloras, lloremos,…»), Antonio Machado (del poema «España en Paz», la estrofa comienza «‘Señor, la guerra es mala y bárbara; la guerra,…») y de Vicente Aleixandre (de su poema «Supremo fondo», la estrofa «Llueven besos y vidas que poblaron un mundo…») y, en su frente la siguiente inscripción: «El Excmo. Ayuntamiento de Dos Hermanas / a los hijos y vecinos de esta Ciudad que, / cumpliendo con su deber, / dieron la vida en defensa de sus ideales».

En el acto de inauguración se leyeron los poemas íntegros de donde proceden los versos de las inscripciones, fueron leídos por los poetas Daniel Pineda Novo, Emilio Durán y Javier Ros Pardo. El insigne Vicente Aleixandre se unió al acto con una extensa carta manuscrita, dirigida al Alcalde Francisco Toscano Sánchez el 3 de octubre de 1983. En esta carta, Vicente agradece que sus versos se encuentren a un monumento a la «Fraternidad». Josefina Manresa, viuda de Miguel Hernández, también envía una carta fechada el 28 de noviembre de 1983, agradeciendo que los versos de su marido estén en dicho monumento.

Vista trasera
Vista trasera
Poema de Miguel Hernández
Poema de Miguel Hernández
Poema de Antonio Machado
Poema de Antonio Machado
Poema de Vicente Aleixandre
Poema de Vicente Aleixandre
Losa delantera
Losa delantera

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004