Romería de Valme: Años de esplendor (1919-1930)

Por fin se puede relatar una época de auge para la Romería, en esta entrada se muestra este ascenso de la Romería y su consolidación, tras años difíciles, como se ha visto en las anteriores entradas.

A partir del año 1919, y hasta 1930, se desarrolló una de la etapas más brillantes de la historia de la Romería de Valme. Esta circunstancia estuvo motivada por varias razones:

  • En primer lugar, por el periodo de auge que experimentó Dos Hermanas como pueblo importante de la provincia de Sevilla. Su población aumentó considerablemente hasta situarse cerca de los catorce mil habitantes en 1930; las industrias, principalmente del aderezo de la aceituna, atrajeron mano de obra foránea; y comenzaron a realizarse obras para mejorar las infraestructura del pueblo (alumbrado eléctrico, alcantarillado y pavimentación de calles y plazas).
  • También, la propia capital hispalense experimentó una mejora generalizada en su infraestructura y en las condiciones de vida de la población. Las obras realizadas con motivo de la Exposición Iberoamericana y los preparativos de ésta contribuyeron a ello y se creó un clima de optimismo que antes no existía entre la población. Se extendió, en suma, un espíritu alegre y festivo que redundó en un aumento de participación en las fiestas tradicionales. La Semana Santa, la Feria y la Romería del Rocío conocieron períodos de esplendor durante los «felices años veinte«. Lo mismo ocurrirá, como veremos, con la Romería de Valme, que por su proximidad a Sevilla se «contagió» de este ambiente de optimismo y prosperidad.
  • A todos estos logros y obras contribuyó la existencia de un gobierno estable, la Dictadura militar instaurada por Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923. La labor de ésta consiguió sanear la hacienda estatal, impulsar la economía nacional, promover la construcción de numerosas obras públicas y acabar con el problema de Marruecos (1925) y con la conflictividad social. Es indudable que muchos otros problemas quedaron aún sin resolver, pero el ambiente de crispación social anterior desapareció y así se dio paso a los «dorados y locos veinte».
  • Finalmente, la llegada a la Junta de Gobierno de la Hermandad de personas como Antonio García Rodríguez, hermano mayor durante esta etapa, José Agustín Baena de León y Caro, tesorero de la corporación, Manuel Andrés Traver, alcalde y hermano mayor al mismo tiempo, Manuel Calvo Leal, secretario de la Hermandad y médico titular de Dos Hermanas, Diego Justiniano Lamadrid, autor de la primera carreta de flores de papel para la Virgen, Elena Molina de la Muela, esposa de José María Abaurre, camareras de la Virgen de Valme en esta década, y los párrocos D. Manuel López Doval y D. Manuel García Martín, entre otros muchos, hombres emprendedores y bien situados social y económicamente, logró que la Romería de Valme experimentara una etapa de esplendor y brillantez en todos los aspectos.

A la Romería acudían cada vez más personas de Sevilla y de pueblos cercanos, incluso con carretas y carros engalanados; los principales fotógrafos de la época, Serrano, «Gelán», Sánchez del Pando, «Dubois» y Olmedo, realizaban cada año numerosas fotografías de la Romería, y los diarios sevillanos más importantes dedicaron amplísimas y detalladas crónicas no sólo de la Romería, sino a los preparativos y al ambiente que había en los días precios a la misma. Todo ello propició que más de una vez se diera el calificativo de «sevillana» a la Virgen de Valme desde la mayoría de los diarios y, por ende, a su Romería, por ser la más próxima de todas a la capital.

En 1919 fue «El Liberal» el periódico que más espacio dedicó a hablar de la Romería, siendo este su primer artículo sobre la misma; en el artículo que da reflejado el momento de la llegada de la Virgen de Valme a Cuarto. De la llegada cabe destacar como: «Centenares de jinetes á todo correr de sus caballos hacen irrupción en la hermosa explanada en que la ermita se encuentra. Una banda de música que no cesa de tocar alegres composiciones. Se oyen vivas á la Virgen pequeñita. Todos los hombre se descubren, hincando una rodilla en tierra y por el carril que conduce hasta el cortijo avanza la carreta sobre la que en preciosos templete dorado viene la milagrosa imagen. El momento es solemne.»

En el siguiente año, 1920, se suscitó una curiosa polémica entre la Hermandad de Valme y otra Hermandad que, con el título de Nuestra Señora de los Reyes, se había fundado en la Capilla de la sevillana Plaza de Molviedro. Esta Hermandad, impulsada por el beneficiado de la Catedral D. Juan Cabello Castilla, no tenía otro fin que el de realizar una romería a la Ermita de Cuarto a la vez que la Hermandad de Valme. Este noticia causó bastante malestar en Dos Hermanas y este año ambas procesionaron a la Ermita de Cuarto, una desde Sevilla y la otra desde Sevilla. En efecto, a las nueve de la mañana del domingo 24 de octubre, se puso en marcha la comitiva de Sevilla, organizada igual que la de Dos Hermanas: hermanos a caballo, carreta tirada por bueyes con la Virgen de los Reyes y, detrás, numerosos hermanos utilizando todos los medios de transporte conocidos, sin faltar alguna que otra carroza. La comitiva de Dos Hermanas salió, como de costumbre, a las ocho, y ambas llegaron al Cortijo de Cuarto cerca de las doce. Una vez concluida la función religiosa, los romeros se disgregaron en grupos y organizaron animadas fiestas. Por la tarde se rezó el Santo Rosario y seguidamente se inició el regreso. Al siguiente año, tras las gestiones del hermano mayor y del tesorero de la Hermandad de Valme, la Hermandad de la capilla de Molviedro trasladó su fecha de salida a la primavera. Que se sepa la Romería de la Virgen de los Reyes continuó celebrándose hasta 1930.

En 1921, las crónicas empiezan a mostrar las intenciones de «retozar á la vera de la mujer amada o beber unos vasos de vino» de algunos romeros. En este año, la Hermandad decidió que la Romería se celebrara en rogativa por la campaña de Marruecos.

El año 1922 merece especial atención por una serie de motivos que pasaremos a analizar enseguida:

  • En primer lugar, se estrenó la nueva carreta de flores, diseñada por Diego Justiniano Lamadrid y Elena Molina de la Muela para la Virgen de Valme. Se dejó de utilizar, por tanto, el templete neogótico de madera dorada que venía empleándose desde 1916, mucho más acorde con el estilo y la cronología de la imagen. Y es más que posible que este mismo año la Virgen estrenara el manto granate de castillos y leones, donado por Dª Elena Molina y bordado por varia mujeres nazarenas, y para el que la Hermandad llevaba recaudando dinero desde 1920.
  • La prensa anunciaba que una importante empresa cinematográfica de Paría realizaría una película de la Romería, para darla a conocer en el Salón Español de Dos Hermanas. Además, se había invitado a la peregrinación al Gobernador Civil de la provincia, al Infante D. Carlos de Borbón, Capitán General de Andalucía, y a su esposa, la Infanta Dª. Luisa de Orleans.
  • Aparecía en los programas de la Romería el presbítero nazareno D. Luis Peña Sánchez como invitado para predicar el acostumbrado sermón desde el púlpito de la Ermita.

Pero el día 22, domingo señalado para la celebración de la Romería, amaneció lloviendo, y los chaparrones continuaron durante todo el día, aunque la Junta de Gobierno y el párroco acordaron salir en procesión hacia la Ermita a pesar del tiempo desapacible. Por supuesto, ni la célebre empresa parisina, ni los infantes ni el Gobernador Civil acudieron a la Romería, ya que pensaban que se había aplazado para el domingo siguiente a causa del mal tiempo.

En 1924 tuvo lugar, por primera vez el traslado procesional de la Santísima Virgen desde su camarín al altar mayor, donde, acto seguido, se verificó el besamano.

En 1925, primer año como hermano mayor de D. Manuel Andrés Traver, la carreta de la Virgen, al efectuarse en la noche del sábado anterior la prueba de su alumbrado eléctrico sufrió un aparatoso incendio que la dejó en unas condiciones lamentables para el día siguiente. Rápidamente, D. Manuel Andrés fue a Sevilla en busca del exornista Francisco Pérez Lama, encargado de montar y preparar la Velada de Santiago y Santa Ana. En su coche cargaron algunas flores de papel y otros adornos, y, con gran cantidad de tuya y la habilidad de Diego Justiniano y de los miembros de la Hermandad, se consiguió reparar los desperfectos causados por el desgraciado accidente. Por lo demás, esta Romería de 1925 se celebró con el esplendor tradicional.

En 1926 y según rezan las crónicas fue «prodiga en accidentes desgraciados: sangrienta reyerta, un caballo que encabrita hiere a tres muchachas, niño atropellado, vuelco de una carro. En total, seis heridos, tres de ellos graves

Una vez pasada la Romería de 1926, la Hermandad, a propuesta del nuevo párroco D. Manuel García Martín, decidió realizar diversas reformas en el Santuario de Cuarto, entre las que se encontraban el cercado del recinto con muros y verjas de hierro y el plantado de árboles en los alrededores de la Capilla. No obstante, estas obras no pudieron terminarse hasta septiembre de 1928, puesto que el Hospital de la Resurrección de Utrera, esgrimiendo ciertos derechos de propiedad sobre el vallado de los terrenos.

En la Romería de 1928 se bendijo el chalet que en «Barranco» había construido «el exalcalde y rico industrial D. Joaquín Varo Jiménez«.

El diseño de la carreta de la Virgen fue evolucionando en estos años. Pero si mejoraba la carreta, cuyo exorno variaba todos los años, también mejoraban otros aspectos de la Romería, como, por ejemplo, los cultos precios a la festividad, que constaba de un triduo en las vísperas de la Romería y de un Rosario procesional por las principales calles del pueblo la tarde anterior. Este solemne triduo fue predicado, en años sucesivos, al igual que la función de Cuarto, por los oradores sagrados más famosos que había entonces en Sevilla. Así, destacaron, entre otros, los ya citados D. Antonio Romero Montes, D. Manuel López Doval, D. Rafael Rodríguez García y D. Manuel García Martín.

En 1929, se publicó la primera reseña a la Romería en el recién estrenado (12 de octubre) diario «ABC». Aunque fue algo escueta ya que toda la información la acaparaba en aquellos días la Exposición Iberoamericana. Entre las crónicas de la Romería se informaba de cómo los romeros de Dos Hermanas se encontraban con romeros de Sevilla, en carretas engalanadas de San Julián, Puerta Osario, Triana y Puerta de la Carne, en el paso a nivel de la Venta de Salud. Estas reseñas indican la fama y el arraigo que había adquirido durante esta década la Romería de Valme en la capital hispalense. En este año, la Romería tuvo un carácter especial por los «fastos» del certamen iberoamericano. También destacar que la Virgen estrenó un precioso sillón de caoba y plata realizado por el ebanista nazareno Miguel Ponce Bancalero y que, en los cultos, intervino la prestigiosa capilla musical del maestro Eduardo Torres.

Con la brillante Romería de 1930, concluyen estos doce años de auge para la festividad. Se ha comprobado como aumentó la asistencia, sobre todo, de sevillanos; cómo se reformó la carreta de la Virgen; se introdujeron reformas y mejoras en el vestuario de la imagen; como aumentó el programa y la cuantía de los premios; pero lo más importante es que se extendió la devoción a la Virgen de Valme por toda la comarca sevillana.

Vista de la Romería de Valme por el campo (1919)

Vista de la Romería de Valme por el campo (1919)

Carreta de la Virgen de Valme (1922)

Carreta de la Virgen de Valme (1922)

Carreta de la Romería de Valme (1925)

Carreta de la Romería de Valme (1925)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

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