Romería de Valme: Años de decadencia (1901-1918)

Seguimos con este fascinante viaje a través de la historia de la Romería, en las anteriores entradas se descubrió el origen y los antecedentes de la fiesta y como fueron las primeras Romerías. En esta entrada se echa un vistazo a unos años en los cuales no se celebró por falta de dinero.

Desde 1901 hasta 1905 no existe ningún dato acerca de la celebración de la Romería de Valme ni en la prensa sevillana ni en las actas capitulares del Ayuntamiento de Dos Hermanas, que concedía anualmente una subvención a la Hermandad para contribuir a los gastos de la fiesta. A pesar de la ayuda municipal y de los generosos donativos del «protector» Lamarque (que solían ascender a una quinientas pesetas anuales), la Hermandad liquidó con déficit los presupuestos de los años 1987, 1898 y 1899. No ocurrió así en 1900 y 1901, pues, al no celebrarse la Romería, hubo saldos positivos.

Con los ingresos anuales de la Hermandad (unas mil quinientas pesetas), no podía costear los cuantiosos gastos de la Romería, cuyo presupuesto superaba las quinientas pesetas. Tampoco hay que olvidar que la Hermandad estaba obligada a celebrar, con el mayor esplendor posible, triduo, función y procesión en junio coincidiendo con la festividad de San Juan, lo cual aumentaba aún más los gastos de la corporación, que, por lo general, solían superar notablemente la cifra de ingresos.

En cualquier caso, el 29 de septiembre de 1901, la Hermandad, reunida en junta general, a propuesta de los hermanos Joaquín Rodríguez (alcalde primero) y Carlos Carvajal (secretario primero), acordó por unanimidad y sin discusión alguna que no se volvería a celebrar la Romería hasta que la Hermandad lo juzgase oportuno y existieran fondos suficientes.

De esta manera, los primeros años del siglo XX, la Romería no se celebró, debido principalmente a la causa antes indicada, la falta de recursos económicos, aunque hubo otras circunstancias que influyeron en la suspensión: sucesión precipitada de gobiernos liberales y conservadores con la consiguiente inestabilidad política, caciquismo, huelgas revolucionarias de Barcelona, Bilbao y Andalucía (1902-1905), sequía y hambruna de 1905-1906, «Semana Trágica» en Barcelona (1909), «Ley del Candado» (1910) en contra de las órdenes religiosas, huelga general ferroviaria (1912), primeros años de la Gran Guerra Europea (1914-1915).

Habría que esperar hasta que, en junio de 1916, la Hermandad, a propuesta de numerosos hermanos y vecinos del pueblo, decidiera suspender las funciones del día de San Juan, que eran las únicas que se habían venido haciendo desde que suspendiera la Romería, y empezar a hacer cálculos para volver a celebrar la Romería. Se hicieron rifas, sorteos y hasta se instaló una gran tómbola en la Velada de Santa Ana. Pero no fue suficiente, ante el compromiso adquirido con los vecinos del pueblo y el deseo de la mayoría de los hermanos para que se volviera a celebrar se vio obligada a acudir al Ayuntamiento, entonces presidido por D. Juan Antonio Carazo Gómez. El alcalde ofrece doscientas pesetas para premios y doscientas pesetas para contribuir a los gastos de la Romería, obtenidos de las mil quinientas pesetas destinados a sus gastos de representación. El domingo 22 de octubre se vuelve a celebrar la Romería impulsada, como hemos visto, por el alcalde. La Romería de este año no fue todo lo exitosa como se preveía debido a que la víspera había habido un conflicto en la Fábrica de Yute, debido a la retirada de la maquinaria de la fábrica, cerrada ya hacía tres años; por el cual, setecientas mujeres entraron en la fábrica y destruyeron todo lo que se encontraron a su paso, teniendo la Benemérita que pedir refuerzos ante la situación producida.

Contribuyó a esta nueva etapa de la Romería, iniciada en 1916, la renovación de la casi totalidad de los cargos directivos de la Hermandad, que prácticamente desde 1980, habían estado ocupados por los mismos hermanos. Entre los nuevos directivos, se encontraban D. José Sánchez Rubio (hermano mayor), D. Antonio García Rodríguez (teniente de hermano mayor), D. José Agustín Baena Caro (tesorero), D. José Díaz Gómez y D. Francisco Gómez García (alcaldes) y D. Manuel Tinoco Rodríguez y D. Antonio Troncoso Herrera (secretarios).

En 1917 se celebró de nuevo la Romería, de este año se sabe que el Ayuntamiento concedió 150 pesetas para premios, que la misa de Cuarto estuvo a cargo de D. Antonio Mañes Jerez, beneficiado de la Catedral de Sevilla, y que de Sevilla y los pueblos cercanos acudieron muchos romeros, que utilizaron toda clase de medios de transporte. También cabe destacar que en sesión celebrada el 30 de noviembre de 1917, el Ayuntamiento acordó consignar en su presupuesto anual la cantidad de 500 pesetas para la Romería de Valme, 250 para la Hermandad y la misma cantidad para gastos, una cifra nada despreciable para la época, y sensiblemente superior a la que tenían asignadas otras hermandades del pueblo.

En 1918 se proyectó la celebración de la Romería para el domingo día 20, con un programa similar al de años anteriores. Sin embargo, a causa de una epidemia de gripe que por entonces causaba estragos por Sevilla, y por orden del Gobernador Civil de la provincia, la Romería fue suspendida dos días antes de su celebración. En vista de que la enfermedad contagiosa remitió y que los pocos casos de gripe eran todos muy leves, se consiguió del Gobernador que autorizara la celebración el domingo día 27, último del mes de octubre. Y con la solemnidad acostumbrada se llevó a cabo la fiesta. A las once llegaron los romeros a la Ermita, y se celebró una solemne misa oficiada por el párroco, D. Antonio Romero Montes, ayudado por el diácono D. Luis Peña Sánchez.

Así cerró este período, con la recuperación de la Romería y el inicio de una etapa de esplendor y reforma dentro de la Hermandad de Valme.

Grupo de romeros en la explanada del Cortijo de Cuarto durante la Romería de Valme (1916)

Grupo de romeros en la explanada del Cortijo de Cuarto durante la Romería de Valme (1916)

Carro con un grupo de romeras en la Romería de Valme (1916)

Carro con un grupo de romeras en la Romería de Valme (1916)

Carreta de la Virgen de Valme (1917)

Carreta de la Virgen de Valme (1917)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Las primeras Romerías (1894-1900)

Continuamos con la serie de entradas referidas a la historia de la Romería, en la anterior se fijaron el origen y los antecedentes de la fiesta, en este se ahonda en las primeras romerías.

Como ya se ha dicho, con el patrocinio de Lamarque y de los miembros de la Hermandad, se decidió celebrar anualmente una Romería con la imagen de la Virgen de Valme hasta el Real Santuario situado en el Cortijo de Cuarto.

Se eligió la primera celebración romera la fecha del tercer domingo de octubre del año 1894, ya restaurada la imagen de la Virgen y estabilizada económicamente la Hermandad con la ayuda de Lamarque, quien, sin dudad, sufragó los gastos de esta primera Romería.

Se estableció que si por causa del mal tiempo la Romería no se pudiese celebrar esta pasaría a domingo inmediato, el 27 de octubre; como así sucedió. En los días previos a la celebración, un temporal de lluvias azotó Sevilla y su comarca, por lo que la Hermandad, con acertado criterio, decidió posponer la Romería hasta el domingo siguiente.

Días más tarde el «Diario de Sevilla» recogía una pequeña crónica sobre como se había desarrollado esta primera Romería de Valme:

«En Dos Hermanas verificaron con gran entusiasmo el domingo la anunciada Romería de Valme. Con un día amenazando lluvia salimos de esta villa á las ocho de la mañana, acompañando á Nuestra Señora de Valme, en romería, al bonito santuario que existe en el próximo cortijo de Cuartos.

La carreta que conducía la imagen estaba engalanada con mucho gusto, mereciendo plácemes por los preparativos de dicha fiesta los Sres. Lamarque de Novoa, Avila y Ramos y D. José Ruiz y Ruiz.

El acompañamiento ha sido numerosísimo, recordando que concurrieron á la fiesta los señores Valera Martín, y Valera y García (don Francisco), Ibarra (don José y don Luis), marqués de Torrenueva, Lastra (don Antonio y don José), González Ibarra, del Pino, Flores Santamaría, Grimarest y otras muchas personas distinguidas de la capital.

Después de oída una misa solemne, hubo gran animación de la explanada del santuario, por la tarde se cantó una salve, regresando los romeros á las seis de la misma. La banda municipal tocó los más escogido de su repertorio».

A pesar de la brevedad y concisión de esta información, podemos hacernos una idea de cómo se celebró aquella Romería. Así, observamos que su organización no era muy diferente a la de la actualidad: salida a las ocho, llegada, al Santuario y misa solemne, almuerzo, canto de la Salve y regreso al pueblo. Con un horario muy diferente al de nuestros días, la comitiva romera emprendió el camino de regreso a las cuatro de la tarde y entró en Dos Hermanas en torno a las seis.

En 1895, la Romería se celebró el día 20 de octubre. Muchos diarios publicaron en sus páginas el programa de la fiesta que, a grandes rasgos, decía lo siguiente: salida a las ocho de la mañana, llegada al Santuario a las diez, y solemne misa con sermón a cargo de D. José Ruiz y Ruiz, misionero apostólico y cura de la Parroquia de San Lucas de Jerez, regresó de la procesión por la tarde y entrada en la villa a las ocho. Los diarios se hicieron eco del éxito de la Romería y de las 3.000 almas que fueron a ella, una cantidad considerable teniendo en cuenta que Dos Hermanas contaba en aquella época con 7.000 habitantes. La carreta donde iba la virgen artísticamente adornada de flores, de cuyo centro se elevaba un precioso templete gótico preparado con flores naturales de la Alquería del Pilar por Antonio Alcocer, jardinero de Lamarque, y bajo la supervisión de éste.

Los pronósticos para esta segunda Romería fueron totalmente desbordados, según la prensa de la época, la aglomeración de público fue tal que la Romería de Valme superó a las que se celebraban treinta años antes en Torrijos y el Almonte. Como hechos curiosos destacar: que asistieron más de treinta y dos carros y carretas vistosamente engalanados, que la comitiva se encontró con el tren de las diez y cuarto, que asistieron importantes personalidades de la época y que se hubo de colocar la Efigie en el altar mayor para que los devotos le besaran el manto.

Con un programa similar se celebró la Romería de los años siguientes, mereciendo destacarse que en 1896 la fiesta constituyó una verdadera procesión de rogativas, por «los males que á la patria afligen«. Con esta frase, un cronista de la época se refería a las graves consecuencias de la Guerra de Cuba, iniciada en febrero de 1895, y de la de Filipinas, que comenzó en agosto de 1896. La carreta de la Virgen iba adornada con flores moradas y, en el sermón pronunciado en la misa celebrada a la llegada de los romeros a la Capilla, D. Antonio Romero Montes, párroco de Dos Hermanas, expuso las causas de esos «males» según la mentalidad de la época: «las causas productoras de los males porque atravesaba la patria estrivaban en que el pueblo habíase alejado del altar, pues durante las épocas de gran fé, España vióse rodeada de grandezas sin cuento«.

Para la Romería de 1897, la Hermandad acordó realizar una tirada de cincuenta carteles con el programa oficial de la fiesta, con el fin de distribuirlos en los locales públicos de Dos Hermanas y en alguno de los pueblos limítrofes. Del extenso programa que se distribuyó cabe destacar las siguientes consideraciones: la primera, es que los carros y carretas por primera vez irían numerados según su llegada a la plaza de la iglesia, la hermandad se vio obligada a tomar esta medida por la masiva afluencia de carros en años anteriores y para evitar disputas entre los conductores; la segunda, es la primera vez que se hace referencia a los premios para los carros y carretas, costumbre que quedó instaurada para siempre aunque con el tiempo fue aumentando el número y cuantía de los premios; y en tercer lugar, la forma en la que se realizaría el regreso de la comitiva, con hachones y bengalas encendidas para iluminar la carreta de la Virgen, dado que entonces no existía aún iluminación eléctrica.

En 1898 la Hermandad de Valme acordaba que la fiesta era la más agradecida por el pueblo nazareno, esto revela la importancia que estaba adquiriendo la Romería. Se publican amplias crónicas sobre la Romería, de estas crónicas se desprende que la organización de la procesión era bastante diferente a la de la actualidad y, quizás, mucho más «procesional» y organizada que típicamente romera. También es curioso ver como acudían a la Romería las camareras, los munícipes y los músicos en carros, en riguroso orden tras la carreta de la Virgen. La Hermandad cuidaba al máximo el orden del cortejo que quedaba de la siguiente forma: la Virgen, carruajes, carretas y carros. Igualmente, se sabe que el cortijo había unas doce casetas, levantadas por el Ayuntamiento, la Hermandad, el juez y exalcalde, D. Francisco Ávila Ramos y varios particulares. En este año la Romería se suspendió el 16 de octubre a causa de las lluvias.

En 1899, la Romería se celebró como en los años anteriores, con gran afluencia de público y, sobre todo, «gran número de personas de la buena sociedad sevillana«. Esto nos ratifica que la Romería de Valme era una fiesta aristocrática por excelencia. Cabe destacar que este año deja de nombrarse a D. José Lamarque de Novoa como organizador de la Romería, y «depositario» de la carreta de la virgen. En su lugar, aparece como propietaria la señora viuda de D. Manuel Valera, que a la sazón era Dª Brígida García y García.

En 1900, a causa de las impresionantes lluvias, que inundaron varias zonas de Sevilla capital y su comarca, se decide suspender la Romería hasta el mes de mayo del siguiente año. Pero llegado el mes de mayo de 1901, D. Eduardo Miura, propietario del Cortijo de Cuarto solicita a la Hermandad que no se celebrara su proyectada peregrinación, por los daños que podrían causar los romeros en sus sembrados, muy próximos a la Ermita, ya que las labores agrícolas se hallaban muy avanzadas. Aunque la Hermandad no estaba de acuerdo al final se decidió la no celebración de la Romería.

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Origen y antecedentes

Con esta entrada iniciamos la serie de entradas que nos mostrarán la historia de unas de las fiestas más significativas de la ciudad.

La presente entrada posee dos partes bien diferenciadas. En la primera de ellas se exponen, en orden cronológico, las diversas circunstancias que tuvieron como desenlace la celebración de la primera Romería de Valme en octubre de 1984. En la segunda parte, se analizan someramente los antecedentes históricos y culturales que subyacen a dicha celebración. Y nos prepara para adentrarnos de lleno en el fantástico viaje a travñes de la fiesta.

La novelista suiza Cecilia Böhl de Faber (1796-1877), marquesa de Arco-Hermoso, residente en Dos Hermanas entre 1822 y 1835, publicó, en noviembre de 1856, su novela de costumbres «La familia de Alvareda», inspirada en un hecho real ocurrido en Dos Hermanas. Con esta obra, la escritora, que ocultaba su verdadero nombre tras el seudónimo Fernán Caballero, se propuso atraer la atención de los Duques de Montpensier para que restauraran a sus expensas un deteriorado Pendón de rey Fernando III, que se conservaba en la Parroquia de Dos Hermanas, y la ruinosa Capilla de la Virgen de Valme en el Cortijo de Cuarto, mandada edificar por el mismo monarca en acción de gracias por la ayuda que la Santísima Virgen le prestó durante la Reconquista de Sevilla.

Fernán Caballero consiguió su propósito, y el día 1 de mayo de 1857, los Duques hicieron entrega del Pendón restaurado a la iglesia parroquial de Dos Hermanas, en una ceremonia solemnísima de la que se hicieron eco los principales periódicos sevillanos.

Dos años más tarde, el 9 de octubre de 1859, se inauguró la Capilla remodelada de la Virgen de Valme, también gracias a los Duques de Montpensier, quienes, además, costearon la edición de una Corona Poética, magníficamente imprimida en los talleres del sevillano Francisco Álvarez. La propia Fernán Caballero se encargó de recopilar los distintos poemas y de redactar el prólogo.

Así se inició uno de los periodos más importantes y decisivos de la historia de la villa de Dos Hermanas, que entonces comenzaba a despertar al progreso, y en particular, de la Hermandad de Valme, que, extinguida durante la invasión francesa (1808-1812), empezó a reorganizarse en este momento.

Empero no solo fueron Fernán Caballero y los Duques de Montpensier los iniciadores de este periodo de esplendor; el poeta y diplomático José Lamarque de Novoa, cónsul del Imperio Austro-Húngaro en Sevilla, se trasladó a Dos Hermanas y construyó para su esposa, la poetisa Antonia Díaz Fernández, en las afueras del pueblo, una mansión de recreo, rodeada de frondosos jardines, que ambos inauguraron en 1872 con el nombre de Alquería del Pilar, y que fue punto de reunión de los poetas, escritores y artistas más importantes del momento, como Fernán Caballero en sus últimos años de vida, el escritor y poeta Luis Montoto, el pintor Virgilio Mattoni y el escultor Adolfo López Rodríguez. De esta manera, Dos Hermanas contaba con el círculo posromántico más importante de Sevilla, y desde él, si duda, se impulsó la idea de realizar una romería anual en honor de la Virgen de Valme.

La llegada de Lamarque de Novoa supuso una «revolución» para el pueblo. Desgraciadamente, la pérdida de las actas capitulares del Ayuntamiento correspondientes a este período nos impide conocer que obras realizaría D. José a su costa. Debieron de ser muchas, ya que el propio Ayuntamiento nazareno, en 1901, reconocía que había sido «bienhechor» del pueblo.

Pero si fue bienhechor de Dos Hermanas, más lo fue de la Hermanadas de Valme, que, aunque reorganizada en 1870 de la mano de D. Juan Sánchez Martín, D. Antonio Muñoz García y D. Manuel López García, atravesaba momentos muy difíciles.

En efecto, la primera intervención de Lamarque en asuntos de la Hermandad se produjo el 25 de enero de 1893, cuando consiguió que el Pendón de San Fernando, depositado en 1868 por la Duquesa de Montpensier en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, fuera devuelto a la Parroquia de Dos Hermanas.

En los años siguientes, emprendió y financió numerosísimas reformas para engrandecer y restaurar el maltrecho patrimonio de la Hermandad de Valme, expoliado durante la invasión francesa a principios del siglo XIX. No en vano la Hermandad lo distinguió con el nombramiento, casi honorífico, de «hermano protector».

Además, se erigió en el principal promotor y mecenas de la Romería, cuya celebración había sido propuesta, tras la restauración del Santuario de Cuarto en los últimos meses de 1893, por algunos hermanas, con el fin de rememorar las hazañas y gestas de San Fernando durante el asedio de Sevilla, y evitar, al mismo tiempo, que el recién restaurado Santuario permaneciera en el olvido.

Para llevar a buen término la celebración de la nueva fiesta, la Hermandad nombró inmediatamente una comisión encargada de realizar los trabajos y gestiones oportunas para llevar a buen término la Romería. Así parece consignado en el acta del cabildo celebrado por la Hermandad el 25 de Abril de 1894,en el que, además, se acordó proceder a la inmediata restauración de la imagen de la Virgen que se encontraba en muy mal estado.

Se eligió para la celebración de la Romería el mes de octubre, cuando ya habían finalizado las tareas agrícolas. Es significativa la elección de ese mes, pues recordemos que, treinta y cinco años antes, y también en octubre, se había inaugurado la Ermita tras ser restaurada por los Duques de Montpensier.

La idea de celebrar una Romería anual al Cortijo de Cuarto entronca, posiblemente, con la tradición que existía desde antiguo de acudir en peregrinación al Santuario de Cuarto en determinadas épocas del año para implorar la ayuda de la Virgen. El sacerdote D. José Alonso Morgado, en su libro sobre Nuestra Señora de Valme, nos dice que la fiesta principal de la Virgen se celebraba, al menos durante los siglos XVI y XVII, en la Capilla el segundo día de la Pascua de Pentecostés; es decir, el mismo día en que se celebra la Romería del Rocío. A esta fiesta, acudían numerosos devotos de Sevilla, de los pueblos comarcanos y de las haciendas y alquerías próximas al Cortijo de Cuarto. En el Santuario se celebraba una misa solemne y, después, los remeros se dispersaban por el campo para almorzar, cantar y bailar. A la caída de la tarde, tenía lugar una pequeña procesión con la Virgen alrededor de la Ermita y se daba por concluida la fiesta. Desde luego, aquella celebración tenía unas características muy similares a las de la Romería que comenzó a partir de 1894: peregrinación al Santuario y día de asueto en el campo.

Por otro lado, hemos de citar también las numerosas y frecuentes procesiones de rogativas que, con la Virgen de Valme, se han celebrado a lo largo de los siglos desde la Ermita de Cuarto hasta Dos Hermanas para remediar distintos males. Así ocurrió, por ejemplo, en los años 1649, 1662, 1700, 1794 y 1800. En efecto, no debemos de olvidar que, con motivo de estar rogativas, la Virgen era traída a la Parroquia de Dos Hermanas, donde se celebraba una novena, y, tras el cese de la epidemia o catástrofe, la imagen se llevaba en procesión de acción de gracias hasta el Santuario de Cuarto, lo que constituía, en cierto sentido, una «fiesta» en la que participaban los vecinos de la entonces villa nazarena.

Recordaremos, también, que Sevilla es una ciudad eminentemente procesional, en la que la religión debe «entrar por los ojos» a los fieles. Esta religiosidad popular se manifiesta, principalmente, en un sin número de procesiones y actos culturales que están presentes durante todo el año en la vida de la ciudad

Tampoco podemos olvidar que las romerías han sido y son tradiciones arraigadas en Andalucía. La de Valme debemos enmarcarla dentro de un contexto en el que están o estuvieron, entre otras muchas, las Romerías del Rocío, de Torrijos, de Consolación y de la Caneca.

Por último, desde la Edad Media tenemos constancia de la existencia de romerías y peregrinaciones a Santuarios marianos. Hay referencias a ellas en as Cantigas de Santa María, de Alfonso X, y en los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo. Ambas obras datan de la segunda mitad del siglo XIII.

En síntesis, podemos decir que hay que situar el origen de la Romería de Valme a finales de 1893, cuando un grupo de hermanos sugirió la celebración de una peregrinación anual al Santuario de Cuarto. Esta «idea» fue decisivamente impulsada por D. José Lamarque de Novoa y por otros destacados personajes como el pintor Virgilio Mattoni y varios hermanos de la Hermandad, que, además, fueron iniciadores de importantes y numerosas reformas den el seno de la corporación.

La celebración de una romería o peregrinación en honor de la Virgen de Valme era, en cierto modo, una tradición que venía de antiguo, dado que las características de la fiesta que se celebraba en la Ermita de Cuarto entre los siglos XVI y XVIII son muy parecidas a las de la Romería que, con carácter anual, la celebración de la fiesta de la Virgen de Valme tenía la finalidad de rememorar un hecho histórico, la Reconquista de Sevilla por Fernando III, y que, además, siempre se ha asociado a un hecho religioso identificado sobre todo a partir de 1894, con el pueblo de Dos Hermanas.

Grabado de Doña Luis Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, Duques de Montpensier

Grabado de Doña Luis Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, Duques de Montpensier

Reverso del Pendón del Rey Fernando III como quedó tras la restauración realizada a expensas de los duques de Montpensier en 1857

Reverso del Pendón del Rey Fernando III como quedó tras la restauración realizada a expensas de los duques de Montpensier en 1857

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Cartel Romería de Valme 2009

El viernes 11 de septiembre se presentó el cartel de la Romería de Valme de este año. Por primera vez en 40 años, este cartel representa el interior de la ermita ubicada en Cortijo de Cuarto. El autor es Hugo Santos Gil, secretario segundo de la corporación.

El objetivo es, por un lado, conmemorar el 150 aniversario de la restauración de la ermita por los Duques de Montpensier, y por otro, reivindicar la devoción, la fe y el sentimiento que guía cada tercer domingo de octubre a todos los peregrinos en la romería de Valme, la más numerosa de la provincia de Sevilla, hacia este santuario, según explicó su autor.

Cartel Romería de Valme 2009

Cartel Romería de Valme 2009

Romería de Valme 2008

doshermanas.com estuvo en la Romería de Valme 2008, os voy a relatar de primera mano como viví la Romería. Estuve en tres puntos calientes del recorrido:

  • Rememorando viejas tradiciones, cuando el consistorio nazareno, el clero y el pueblo esperaban a la Nuestra Señora para despedirla, estuve en la Venta de las Palmas.
  • Después estuve en el paso del puente de Bellavista, aunque cuando llegué la Virgen ya había pasado.
  • En Cortijo de Cuarto, estando la Virgen de Valme en su ermita.

Venta las Palmas

A las 6 de la mañana había misa de romeros, con la presencia del Cardenal Carlos Amigo Vallejo, a las 8 de la mañana empezó su procesionar. Sobre las 9 y media llegaba a la Venta de Las Palmas la Virgen de Valme, aunque el principio de la comitiva llegó mucho antes. En primer lugar llegaron los jinetes y las amazonas montados en sus espléndidos caballos, a continuación pasó la Virgen con muchos fieles tanto por delante como por detrás; le siguieron las carretas, engalandas con sus coleradas flores de papel; después pasaron las galeras y por último el resto de carros que, sin estilo concertado, acompañaban a su Señora.

El ambiente era festivo y la gente acompañaba en multitud a la procesión, tanto delante de la Virgen, como detrás, como entre las carretas y galeras. El tiempo era bueno, salió el sol y se imponía la manga corta. Toda presagiaba un espléndido día de Romería.

 A continuación se muestran una serie de fotos de la Romería al pasar por la Venta de las Palmas:

Jinetes y amazonas, principio de la comitiva

Jinetes y amazonas, principio de la comitiva

Jinetes portando un estandarte

Jinetes portando un estandarte

Virgen de Valme avanzando entre la multitud

Virgen de Valme avanzando entre la multitud

Galera

Galera

A continuación un vídeo de las personas que caminaban por delante de la Virgen:


Y un vídeo del paso de Nuestra Señora al pasar delante mía:


Puente de Bellavista

Cuando llegué allí, sobre la 1 y media del mediodía, la Virgen ya había pasado, así que vi como pasaban algunas galeras, y pude observar que el día de fiesta se estaba desarrollando en todo su esplendor. El calor caldeaba los ánimos sin apaciguarlos, las sevillanas retumbaban en el ambiente y la bebida y la comida fluía con alegría.

A continuación un vídeo de varias galeras haciendo el camino:


Cortijo de Cuarto

A las 4 de la tarde hice presencia en Cortijo de Cuarto, ya estaba en plena ebullición el gentío, las carretas y galeras en la explanada que hay delante de la Ermita, el resto de reuniones esparcidas por los terrenos adyacentes, en todos los grupos se vivía un aire de alegría condescendiente, las viandas y los líquidos circulaban con promiscuidad y el cante y el baile se hacía patente en muchos grupos.
En la puerta de la Ermita había una gran cola de personas esperando presentar sus respetos a la Señora, tras acompañarla en tan solemne procesión.
Pero todo no iba a ser tan idílico y perfecto, el cielo estaba encapotado y se preveía que la lluvia hiciese acto de presencia, y así lo hizo, sobre las 5 menos cuarto el cielo empezó a derramar sus lágrimas sobre la Ermita y los lugares aledaños, como queriendo mostrar su sentimiento de alegría y gozo por tan feliz día. Así que, servidor, se retiró para no acabar empapado. El personal hacía lo pertinente.

A continuación se muestran una serie de fotos de las carretas, las galeras y la ermita de Cuarto:

Galeras en el Cortijo de Cuarto

Galeras en el Cortijo de Cuarto

Carretas en el Cortijo de Cuarto

Carretas en el Cortijo de Cuarto

Carro de la Virgen de Valme

Carro de la Virgen de Valme

Ermita de Cuarto

Ermita de Cuarto

Y, por último, un vídeo de Cuarto en el que se ve el ambiente:


¡Hasta el año que viene, Virgen de Valme!

Historia de la Hermandad de Valme

El documento más antiguo que menciona la Hermandad de Valme data de 1628 y corresponde a un «Libro de los hermanos que se van admitiendo en la cofradía y hermandad de Ntra. Sra. del Valme, que está en la Capilla del Campo de Quartos». Se inicia el 6 de agosto del año referido con el ingreso de veinticinco hermanos, entre los cuales se encuentran Diego Martínez de Mendiguren, beneficiado de la iglesia de Dos Hermanas; Juan de Pozas, cura de dicha iglesia; Francisco Gallegos, sacristán mayor; Bernardo de Correa, clérigo de menores; Luis Manuel Gudiol, corregidor de la ciudad de Guadix y el capitán Manuel Bernaldo de Quirós, alcalde ordinario de Dos Hermanas por el estado noble, entre otros. El hecho de que en esta fecha ingresaran en la Hermandad personas de la importancia de los curas de la villa y del alcalde por el estado noble nos sugiere la posibilidad de que ésa sea también la fecha de fundación de la Hermandad. Un dato que avalaría esta hipótesis es que sólo a partir de 1628 existe documentación correlativa que nos permite reconstruir la historia de la corporación en el siglo XVII. Así, podemos conocer las visitas que la autoridad arzobispal realizó a la Ermita y a la Hermandad de Valme durante este siglo. 

Del siglo XVIII existe también alguna documentación interesante e inédita, aunque escasa y fragmentaria. La Hermandad estuvo activa, al menos, hasta 1725, año en el que se entabló un pleito entre la cofradía y el prior de las Ermitas del Arzobispado, ya que este último había nombrado ermitaño a Juan de Herrera sin contar con el beneplácito de la Hermandad. Recordemos que, hasta entonces, era la propia cofradía la que designaba al santero, quien debía obtener luego la aprobación y licencia del Arzobispado, pero no la de la dignidad prioral. 

Pero si el XVIII se nos presenta como un siglo oscuro por los escasos testimonios que poseemos de él, la centuria siguiente es, sin duda, la más trascendental de la historia de la Virgen de Valme. En efecto, el XIX, llamado «siglo de las revoluciones» por las convulsiones y rupturas que durante él se produjeron, marca un hito importantísimo en la evolución histórica de la Hermandad de Valme. Comienza con el traslado de la Virgen a la parroquia de Dos Hermanas como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla. La permanencia de la imagen en la villa a partir de 1800 causó el abandono total de la Ermita y su posterior ruina. Este hecho, unido a la etapa de postración en que se encontraba sumida la Hermandad, hizo que se planteara, por vez primera, un contencioso entre el Hospital de la Resurrección de Utrera, propietario del Cortijo de Cuartos, y la Hermandad de Valme, por la propiedad de los terrenos colindantes con la Ermita. Tal pleito fue iniciado por el ermitaño de Cuartos, Juan Andrés Aicardo, y por el secretario de la Hermandad, Andrés López Mérida, que, en 1816, llegó a dirigirse al rey Fernando VII para que pusiera fin a la «usurpación» de terrenos que, supuestamente, había realizado el Hospital de Utrera en detrimento de la Virgen de Valme. El contencioso continuó hasta 1818 y aunque pasó por diversas instancias, desde el Supremo Consejo de Castilla hasta el Arzobispado de Sevilla, no pudo probarse el derecho de la Hermandad a disponer de los terrenos situados alrededor de la Ermita. 

A partir de 1820, la Hermandad entró en un perído de decadencia y quedó prácticamente extinguida hasta que, en 1833, debido a la epidemia de cólera que asoló Dos Hermanas, salió la Virgen en procesión de rogativas e intentó reorganizarse, sin éxito, la Hermandad, para lo cual se nombró una nueva Junta de Oficiales presidida por José García Azpeitia. 

En esta decadente coyuntura apareció un personaje importantísimo que revolucionaría la historia de la Virgen de Valme: Cecilia Böhl de Faber, «Fernán Caballero», autora de la novela costumbrista «La familia de Alvareda». Como sabemos, en esta obra la escritora hace referencia a la ruina del Santuario de Valme y al Pendón supuestamente donado por San Fernando a la Virgen. Ello llamó la atención de los Duques de Montpensier, que promovieron la restauración del Pendón en 1857 y la reedificación de la Ermita en 1859. Como consecuencia de estos hechos, se intentó reorganizar nuevamente la Hermandad, para lo cual se presentaron en el Arzobispado nada menos que dos proyectos de reglas: uno fechado el 28 de septiembre de 1859 y otro el 27 de noviembre del mismo año. Lo más curioso es que ambos llevan la firma del párroco, Antonio de Jesús Carmona, que, según parece, promovió la fundación de una nueva congregación para tributar culto a la Virgen de Valme al margen de la decaída Hermandad, cuyos miembros legítimos presentaron su proyecto de estatutos en diciembre. Éste consta de más de 84 reglas, además de una amplia introducción con la historia y la tradición de la Virgen de Valme y está refrendado por numerosos miembros de la Hermandad, los cuales aparecen como continuadores «en la debocion y culto de Ntra. Sra. del Valme»; es decir, que se proclamaban sucesores de aquéllos que habían intentado reorganizar la Hermandad en 1833. 

Al Arzobispado llegaron, pues, dos proyectos de reglas, refrendados por personas distintas y avalados por el mismo cura, con la pretensión de fundar, en el primer caso, y de reorganizar, en el segundo, la Hermandad de Valme. El asunto era difícil de resolver, lo cual explica la actitud pasiva de la curia diocesana, que dio la callada por respuesta y no aprobó ninguno de los estatutos presentados. Pasaron los años y, en junio de 1866, María del Rocío Lázaro López, «camarista» de la Virgen desde doce años antes, solicitó del cardenal la expedición de un título oficial que la ratificara en el cargo. El Arzobispado pidió un informe a los curas del pueblo, los cuales consideraron muy conveniente el nombramiento. La propuesta del cura fue aceptada por el cardenal, que, el 21 de junio, nombró a María del Rosario López Rubio camarera de Ntra. Sra. de Valme. Precisamente, a raíz de este conflicto, y tras solicitar varios informes al cura, los funcionarios del Arzobispado se percataron de que todavía estaban sin aprobar las reglas de la Hermandad, pero, al intentar subsanar este «error», el fiscal y el provisor no repararon en que se habían presentado dos proyectos de reglas y, sin mayores precauciones, aprobaron, el 7 de agosto, los estatutos de septiembre de 1859 creyendo que eran los «legítimos», lo cual provocó la reacción airada de los representantes oficiales de la corporación, que llevaban siete años esperando la ratificación de las reglas presentadas en diciembre de 1859. 

A partir de 1866, y hasta 1870, se plantearon, pues, numerosos problemas y tensiones, no sólo entre los «bandos» enfrentados a que se refiere el cura Álvarez en su informe, sino también entre el Arzobispado, el Ayuntamiento de Dos Hermanas y el capellán de la Ermita, José María Ruiz García. Tales conflictos tenían como núcleo central la posesión de la imagen, que se encontraba en su Ermita desde el 9 de octubre de 1859 y que los nazarenos querían volver a venerar en la parroquia. Las múltiples controversias que existían en torno a la Virgen de Valme llegaron a su máxima expresión cuando, en noviembre de 1869, el cura de Dos Hermanas y el capellán de la Ermita se enfrentaron por la exacción de los derechos de cierta misa que éste pretendía celebrar en el altar mayor de la iglesia ante la Virgen de Valme, a lo que el párroco no accedió. Sin duda, el trasfondo de este incidente radicaba en que la imagen había sido trasladada al pueblo en enero de ese año a pesar de la oposición del capellán. Este accidentado período llegó a su fin con la refundación de la Hermandad de Valme en mayo de 1870 por un grupo de jóvenes que nada tenían que ver con los problemas y las desavenencias surgidas anteriormente y que pretendieron borrar el azaroso pasado de la corporación. En 1870 se inició, pues, un nuevo y decisivo período para la Hermandad de Valme que rompió con gran parte de la anterior historia de la cofradía. La reorganización apareció, en efecto, como la fundación de una nueva Hermandad, hecho éste que se aprecia claramente en el artículo 65 de las reglas aprobadas el 13 de junio de 1888, donde se habla de los «fundadores de ésta Hermandad Don Juan Sanchez Martin, Don Antonio Muñoz Garcia y Don Manuel Lopez Garcia, vecinos de ésta Villa», que «vienen con tal carácter asociados desde el año 1870 para tributar solemnes y fervorosos cultos á la Santísima Virgen de Valme». Pero, a pesar de todo, estos supuestos «fundadores» no eran más que los enésimos reorganizadores de una Hermandad que ya existía en 1628. 

 

Sede de la Hermandad de Valme

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Fuente: Web de la Hermandad de Valme