Romería de Valme: Años de decadencia (1901-1918)

Seguimos con este fascinante viaje a través de la historia de la Romería, en las anteriores entradas se descubrió el origen y los antecedentes de la fiesta y como fueron las primeras Romerías. En esta entrada se echa un vistazo a unos años en los cuales no se celebró por falta de dinero.

Desde 1901 hasta 1905 no existe ningún dato acerca de la celebración de la Romería de Valme ni en la prensa sevillana ni en las actas capitulares del Ayuntamiento de Dos Hermanas, que concedía anualmente una subvención a la Hermandad para contribuir a los gastos de la fiesta. A pesar de la ayuda municipal y de los generosos donativos del «protector» Lamarque (que solían ascender a una quinientas pesetas anuales), la Hermandad liquidó con déficit los presupuestos de los años 1987, 1898 y 1899. No ocurrió así en 1900 y 1901, pues, al no celebrarse la Romería, hubo saldos positivos.

Con los ingresos anuales de la Hermandad (unas mil quinientas pesetas), no podía costear los cuantiosos gastos de la Romería, cuyo presupuesto superaba las quinientas pesetas. Tampoco hay que olvidar que la Hermandad estaba obligada a celebrar, con el mayor esplendor posible, triduo, función y procesión en junio coincidiendo con la festividad de San Juan, lo cual aumentaba aún más los gastos de la corporación, que, por lo general, solían superar notablemente la cifra de ingresos.

En cualquier caso, el 29 de septiembre de 1901, la Hermandad, reunida en junta general, a propuesta de los hermanos Joaquín Rodríguez (alcalde primero) y Carlos Carvajal (secretario primero), acordó por unanimidad y sin discusión alguna que no se volvería a celebrar la Romería hasta que la Hermandad lo juzgase oportuno y existieran fondos suficientes.

De esta manera, los primeros años del siglo XX, la Romería no se celebró, debido principalmente a la causa antes indicada, la falta de recursos económicos, aunque hubo otras circunstancias que influyeron en la suspensión: sucesión precipitada de gobiernos liberales y conservadores con la consiguiente inestabilidad política, caciquismo, huelgas revolucionarias de Barcelona, Bilbao y Andalucía (1902-1905), sequía y hambruna de 1905-1906, «Semana Trágica» en Barcelona (1909), «Ley del Candado» (1910) en contra de las órdenes religiosas, huelga general ferroviaria (1912), primeros años de la Gran Guerra Europea (1914-1915).

Habría que esperar hasta que, en junio de 1916, la Hermandad, a propuesta de numerosos hermanos y vecinos del pueblo, decidiera suspender las funciones del día de San Juan, que eran las únicas que se habían venido haciendo desde que suspendiera la Romería, y empezar a hacer cálculos para volver a celebrar la Romería. Se hicieron rifas, sorteos y hasta se instaló una gran tómbola en la Velada de Santa Ana. Pero no fue suficiente, ante el compromiso adquirido con los vecinos del pueblo y el deseo de la mayoría de los hermanos para que se volviera a celebrar se vio obligada a acudir al Ayuntamiento, entonces presidido por D. Juan Antonio Carazo Gómez. El alcalde ofrece doscientas pesetas para premios y doscientas pesetas para contribuir a los gastos de la Romería, obtenidos de las mil quinientas pesetas destinados a sus gastos de representación. El domingo 22 de octubre se vuelve a celebrar la Romería impulsada, como hemos visto, por el alcalde. La Romería de este año no fue todo lo exitosa como se preveía debido a que la víspera había habido un conflicto en la Fábrica de Yute, debido a la retirada de la maquinaria de la fábrica, cerrada ya hacía tres años; por el cual, setecientas mujeres entraron en la fábrica y destruyeron todo lo que se encontraron a su paso, teniendo la Benemérita que pedir refuerzos ante la situación producida.

Contribuyó a esta nueva etapa de la Romería, iniciada en 1916, la renovación de la casi totalidad de los cargos directivos de la Hermandad, que prácticamente desde 1980, habían estado ocupados por los mismos hermanos. Entre los nuevos directivos, se encontraban D. José Sánchez Rubio (hermano mayor), D. Antonio García Rodríguez (teniente de hermano mayor), D. José Agustín Baena Caro (tesorero), D. José Díaz Gómez y D. Francisco Gómez García (alcaldes) y D. Manuel Tinoco Rodríguez y D. Antonio Troncoso Herrera (secretarios).

En 1917 se celebró de nuevo la Romería, de este año se sabe que el Ayuntamiento concedió 150 pesetas para premios, que la misa de Cuarto estuvo a cargo de D. Antonio Mañes Jerez, beneficiado de la Catedral de Sevilla, y que de Sevilla y los pueblos cercanos acudieron muchos romeros, que utilizaron toda clase de medios de transporte. También cabe destacar que en sesión celebrada el 30 de noviembre de 1917, el Ayuntamiento acordó consignar en su presupuesto anual la cantidad de 500 pesetas para la Romería de Valme, 250 para la Hermandad y la misma cantidad para gastos, una cifra nada despreciable para la época, y sensiblemente superior a la que tenían asignadas otras hermandades del pueblo.

En 1918 se proyectó la celebración de la Romería para el domingo día 20, con un programa similar al de años anteriores. Sin embargo, a causa de una epidemia de gripe que por entonces causaba estragos por Sevilla, y por orden del Gobernador Civil de la provincia, la Romería fue suspendida dos días antes de su celebración. En vista de que la enfermedad contagiosa remitió y que los pocos casos de gripe eran todos muy leves, se consiguió del Gobernador que autorizara la celebración el domingo día 27, último del mes de octubre. Y con la solemnidad acostumbrada se llevó a cabo la fiesta. A las once llegaron los romeros a la Ermita, y se celebró una solemne misa oficiada por el párroco, D. Antonio Romero Montes, ayudado por el diácono D. Luis Peña Sánchez.

Así cerró este período, con la recuperación de la Romería y el inicio de una etapa de esplendor y reforma dentro de la Hermandad de Valme.

Grupo de romeros en la explanada del Cortijo de Cuarto durante la Romería de Valme (1916)

Grupo de romeros en la explanada del Cortijo de Cuarto durante la Romería de Valme (1916)

Carro con un grupo de romeras en la Romería de Valme (1916)

Carro con un grupo de romeras en la Romería de Valme (1916)

Carreta de la Virgen de Valme (1917)

Carreta de la Virgen de Valme (1917)

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Las primeras Romerías (1894-1900)

Continuamos con la serie de entradas referidas a la historia de la Romería, en la anterior se fijaron el origen y los antecedentes de la fiesta, en este se ahonda en las primeras romerías.

Como ya se ha dicho, con el patrocinio de Lamarque y de los miembros de la Hermandad, se decidió celebrar anualmente una Romería con la imagen de la Virgen de Valme hasta el Real Santuario situado en el Cortijo de Cuarto.

Se eligió la primera celebración romera la fecha del tercer domingo de octubre del año 1894, ya restaurada la imagen de la Virgen y estabilizada económicamente la Hermandad con la ayuda de Lamarque, quien, sin dudad, sufragó los gastos de esta primera Romería.

Se estableció que si por causa del mal tiempo la Romería no se pudiese celebrar esta pasaría a domingo inmediato, el 27 de octubre; como así sucedió. En los días previos a la celebración, un temporal de lluvias azotó Sevilla y su comarca, por lo que la Hermandad, con acertado criterio, decidió posponer la Romería hasta el domingo siguiente.

Días más tarde el «Diario de Sevilla» recogía una pequeña crónica sobre como se había desarrollado esta primera Romería de Valme:

«En Dos Hermanas verificaron con gran entusiasmo el domingo la anunciada Romería de Valme. Con un día amenazando lluvia salimos de esta villa á las ocho de la mañana, acompañando á Nuestra Señora de Valme, en romería, al bonito santuario que existe en el próximo cortijo de Cuartos.

La carreta que conducía la imagen estaba engalanada con mucho gusto, mereciendo plácemes por los preparativos de dicha fiesta los Sres. Lamarque de Novoa, Avila y Ramos y D. José Ruiz y Ruiz.

El acompañamiento ha sido numerosísimo, recordando que concurrieron á la fiesta los señores Valera Martín, y Valera y García (don Francisco), Ibarra (don José y don Luis), marqués de Torrenueva, Lastra (don Antonio y don José), González Ibarra, del Pino, Flores Santamaría, Grimarest y otras muchas personas distinguidas de la capital.

Después de oída una misa solemne, hubo gran animación de la explanada del santuario, por la tarde se cantó una salve, regresando los romeros á las seis de la misma. La banda municipal tocó los más escogido de su repertorio».

A pesar de la brevedad y concisión de esta información, podemos hacernos una idea de cómo se celebró aquella Romería. Así, observamos que su organización no era muy diferente a la de la actualidad: salida a las ocho, llegada, al Santuario y misa solemne, almuerzo, canto de la Salve y regreso al pueblo. Con un horario muy diferente al de nuestros días, la comitiva romera emprendió el camino de regreso a las cuatro de la tarde y entró en Dos Hermanas en torno a las seis.

En 1895, la Romería se celebró el día 20 de octubre. Muchos diarios publicaron en sus páginas el programa de la fiesta que, a grandes rasgos, decía lo siguiente: salida a las ocho de la mañana, llegada al Santuario a las diez, y solemne misa con sermón a cargo de D. José Ruiz y Ruiz, misionero apostólico y cura de la Parroquia de San Lucas de Jerez, regresó de la procesión por la tarde y entrada en la villa a las ocho. Los diarios se hicieron eco del éxito de la Romería y de las 3.000 almas que fueron a ella, una cantidad considerable teniendo en cuenta que Dos Hermanas contaba en aquella época con 7.000 habitantes. La carreta donde iba la virgen artísticamente adornada de flores, de cuyo centro se elevaba un precioso templete gótico preparado con flores naturales de la Alquería del Pilar por Antonio Alcocer, jardinero de Lamarque, y bajo la supervisión de éste.

Los pronósticos para esta segunda Romería fueron totalmente desbordados, según la prensa de la época, la aglomeración de público fue tal que la Romería de Valme superó a las que se celebraban treinta años antes en Torrijos y el Almonte. Como hechos curiosos destacar: que asistieron más de treinta y dos carros y carretas vistosamente engalanados, que la comitiva se encontró con el tren de las diez y cuarto, que asistieron importantes personalidades de la época y que se hubo de colocar la Efigie en el altar mayor para que los devotos le besaran el manto.

Con un programa similar se celebró la Romería de los años siguientes, mereciendo destacarse que en 1896 la fiesta constituyó una verdadera procesión de rogativas, por «los males que á la patria afligen«. Con esta frase, un cronista de la época se refería a las graves consecuencias de la Guerra de Cuba, iniciada en febrero de 1895, y de la de Filipinas, que comenzó en agosto de 1896. La carreta de la Virgen iba adornada con flores moradas y, en el sermón pronunciado en la misa celebrada a la llegada de los romeros a la Capilla, D. Antonio Romero Montes, párroco de Dos Hermanas, expuso las causas de esos «males» según la mentalidad de la época: «las causas productoras de los males porque atravesaba la patria estrivaban en que el pueblo habíase alejado del altar, pues durante las épocas de gran fé, España vióse rodeada de grandezas sin cuento«.

Para la Romería de 1897, la Hermandad acordó realizar una tirada de cincuenta carteles con el programa oficial de la fiesta, con el fin de distribuirlos en los locales públicos de Dos Hermanas y en alguno de los pueblos limítrofes. Del extenso programa que se distribuyó cabe destacar las siguientes consideraciones: la primera, es que los carros y carretas por primera vez irían numerados según su llegada a la plaza de la iglesia, la hermandad se vio obligada a tomar esta medida por la masiva afluencia de carros en años anteriores y para evitar disputas entre los conductores; la segunda, es la primera vez que se hace referencia a los premios para los carros y carretas, costumbre que quedó instaurada para siempre aunque con el tiempo fue aumentando el número y cuantía de los premios; y en tercer lugar, la forma en la que se realizaría el regreso de la comitiva, con hachones y bengalas encendidas para iluminar la carreta de la Virgen, dado que entonces no existía aún iluminación eléctrica.

En 1898 la Hermandad de Valme acordaba que la fiesta era la más agradecida por el pueblo nazareno, esto revela la importancia que estaba adquiriendo la Romería. Se publican amplias crónicas sobre la Romería, de estas crónicas se desprende que la organización de la procesión era bastante diferente a la de la actualidad y, quizás, mucho más «procesional» y organizada que típicamente romera. También es curioso ver como acudían a la Romería las camareras, los munícipes y los músicos en carros, en riguroso orden tras la carreta de la Virgen. La Hermandad cuidaba al máximo el orden del cortejo que quedaba de la siguiente forma: la Virgen, carruajes, carretas y carros. Igualmente, se sabe que el cortijo había unas doce casetas, levantadas por el Ayuntamiento, la Hermandad, el juez y exalcalde, D. Francisco Ávila Ramos y varios particulares. En este año la Romería se suspendió el 16 de octubre a causa de las lluvias.

En 1899, la Romería se celebró como en los años anteriores, con gran afluencia de público y, sobre todo, «gran número de personas de la buena sociedad sevillana«. Esto nos ratifica que la Romería de Valme era una fiesta aristocrática por excelencia. Cabe destacar que este año deja de nombrarse a D. José Lamarque de Novoa como organizador de la Romería, y «depositario» de la carreta de la virgen. En su lugar, aparece como propietaria la señora viuda de D. Manuel Valera, que a la sazón era Dª Brígida García y García.

En 1900, a causa de las impresionantes lluvias, que inundaron varias zonas de Sevilla capital y su comarca, se decide suspender la Romería hasta el mes de mayo del siguiente año. Pero llegado el mes de mayo de 1901, D. Eduardo Miura, propietario del Cortijo de Cuarto solicita a la Hermandad que no se celebrara su proyectada peregrinación, por los daños que podrían causar los romeros en sus sembrados, muy próximos a la Ermita, ya que las labores agrícolas se hallaban muy avanzadas. Aunque la Hermandad no estaba de acuerdo al final se decidió la no celebración de la Romería.

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Crónica sobre la Romería de Valme publicada en El Tribuno el 21 de octubre de 1895

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Romería de Valme: Origen y antecedentes

Con esta entrada iniciamos la serie de entradas que nos mostrarán la historia de unas de las fiestas más significativas de la ciudad.

La presente entrada posee dos partes bien diferenciadas. En la primera de ellas se exponen, en orden cronológico, las diversas circunstancias que tuvieron como desenlace la celebración de la primera Romería de Valme en octubre de 1984. En la segunda parte, se analizan someramente los antecedentes históricos y culturales que subyacen a dicha celebración. Y nos prepara para adentrarnos de lleno en el fantástico viaje a travñes de la fiesta.

La novelista suiza Cecilia Böhl de Faber (1796-1877), marquesa de Arco-Hermoso, residente en Dos Hermanas entre 1822 y 1835, publicó, en noviembre de 1856, su novela de costumbres «La familia de Alvareda», inspirada en un hecho real ocurrido en Dos Hermanas. Con esta obra, la escritora, que ocultaba su verdadero nombre tras el seudónimo Fernán Caballero, se propuso atraer la atención de los Duques de Montpensier para que restauraran a sus expensas un deteriorado Pendón de rey Fernando III, que se conservaba en la Parroquia de Dos Hermanas, y la ruinosa Capilla de la Virgen de Valme en el Cortijo de Cuarto, mandada edificar por el mismo monarca en acción de gracias por la ayuda que la Santísima Virgen le prestó durante la Reconquista de Sevilla.

Fernán Caballero consiguió su propósito, y el día 1 de mayo de 1857, los Duques hicieron entrega del Pendón restaurado a la iglesia parroquial de Dos Hermanas, en una ceremonia solemnísima de la que se hicieron eco los principales periódicos sevillanos.

Dos años más tarde, el 9 de octubre de 1859, se inauguró la Capilla remodelada de la Virgen de Valme, también gracias a los Duques de Montpensier, quienes, además, costearon la edición de una Corona Poética, magníficamente imprimida en los talleres del sevillano Francisco Álvarez. La propia Fernán Caballero se encargó de recopilar los distintos poemas y de redactar el prólogo.

Así se inició uno de los periodos más importantes y decisivos de la historia de la villa de Dos Hermanas, que entonces comenzaba a despertar al progreso, y en particular, de la Hermandad de Valme, que, extinguida durante la invasión francesa (1808-1812), empezó a reorganizarse en este momento.

Empero no solo fueron Fernán Caballero y los Duques de Montpensier los iniciadores de este periodo de esplendor; el poeta y diplomático José Lamarque de Novoa, cónsul del Imperio Austro-Húngaro en Sevilla, se trasladó a Dos Hermanas y construyó para su esposa, la poetisa Antonia Díaz Fernández, en las afueras del pueblo, una mansión de recreo, rodeada de frondosos jardines, que ambos inauguraron en 1872 con el nombre de Alquería del Pilar, y que fue punto de reunión de los poetas, escritores y artistas más importantes del momento, como Fernán Caballero en sus últimos años de vida, el escritor y poeta Luis Montoto, el pintor Virgilio Mattoni y el escultor Adolfo López Rodríguez. De esta manera, Dos Hermanas contaba con el círculo posromántico más importante de Sevilla, y desde él, si duda, se impulsó la idea de realizar una romería anual en honor de la Virgen de Valme.

La llegada de Lamarque de Novoa supuso una «revolución» para el pueblo. Desgraciadamente, la pérdida de las actas capitulares del Ayuntamiento correspondientes a este período nos impide conocer que obras realizaría D. José a su costa. Debieron de ser muchas, ya que el propio Ayuntamiento nazareno, en 1901, reconocía que había sido «bienhechor» del pueblo.

Pero si fue bienhechor de Dos Hermanas, más lo fue de la Hermanadas de Valme, que, aunque reorganizada en 1870 de la mano de D. Juan Sánchez Martín, D. Antonio Muñoz García y D. Manuel López García, atravesaba momentos muy difíciles.

En efecto, la primera intervención de Lamarque en asuntos de la Hermandad se produjo el 25 de enero de 1893, cuando consiguió que el Pendón de San Fernando, depositado en 1868 por la Duquesa de Montpensier en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, fuera devuelto a la Parroquia de Dos Hermanas.

En los años siguientes, emprendió y financió numerosísimas reformas para engrandecer y restaurar el maltrecho patrimonio de la Hermandad de Valme, expoliado durante la invasión francesa a principios del siglo XIX. No en vano la Hermandad lo distinguió con el nombramiento, casi honorífico, de «hermano protector».

Además, se erigió en el principal promotor y mecenas de la Romería, cuya celebración había sido propuesta, tras la restauración del Santuario de Cuarto en los últimos meses de 1893, por algunos hermanas, con el fin de rememorar las hazañas y gestas de San Fernando durante el asedio de Sevilla, y evitar, al mismo tiempo, que el recién restaurado Santuario permaneciera en el olvido.

Para llevar a buen término la celebración de la nueva fiesta, la Hermandad nombró inmediatamente una comisión encargada de realizar los trabajos y gestiones oportunas para llevar a buen término la Romería. Así parece consignado en el acta del cabildo celebrado por la Hermandad el 25 de Abril de 1894,en el que, además, se acordó proceder a la inmediata restauración de la imagen de la Virgen que se encontraba en muy mal estado.

Se eligió para la celebración de la Romería el mes de octubre, cuando ya habían finalizado las tareas agrícolas. Es significativa la elección de ese mes, pues recordemos que, treinta y cinco años antes, y también en octubre, se había inaugurado la Ermita tras ser restaurada por los Duques de Montpensier.

La idea de celebrar una Romería anual al Cortijo de Cuarto entronca, posiblemente, con la tradición que existía desde antiguo de acudir en peregrinación al Santuario de Cuarto en determinadas épocas del año para implorar la ayuda de la Virgen. El sacerdote D. José Alonso Morgado, en su libro sobre Nuestra Señora de Valme, nos dice que la fiesta principal de la Virgen se celebraba, al menos durante los siglos XVI y XVII, en la Capilla el segundo día de la Pascua de Pentecostés; es decir, el mismo día en que se celebra la Romería del Rocío. A esta fiesta, acudían numerosos devotos de Sevilla, de los pueblos comarcanos y de las haciendas y alquerías próximas al Cortijo de Cuarto. En el Santuario se celebraba una misa solemne y, después, los remeros se dispersaban por el campo para almorzar, cantar y bailar. A la caída de la tarde, tenía lugar una pequeña procesión con la Virgen alrededor de la Ermita y se daba por concluida la fiesta. Desde luego, aquella celebración tenía unas características muy similares a las de la Romería que comenzó a partir de 1894: peregrinación al Santuario y día de asueto en el campo.

Por otro lado, hemos de citar también las numerosas y frecuentes procesiones de rogativas que, con la Virgen de Valme, se han celebrado a lo largo de los siglos desde la Ermita de Cuarto hasta Dos Hermanas para remediar distintos males. Así ocurrió, por ejemplo, en los años 1649, 1662, 1700, 1794 y 1800. En efecto, no debemos de olvidar que, con motivo de estar rogativas, la Virgen era traída a la Parroquia de Dos Hermanas, donde se celebraba una novena, y, tras el cese de la epidemia o catástrofe, la imagen se llevaba en procesión de acción de gracias hasta el Santuario de Cuarto, lo que constituía, en cierto sentido, una «fiesta» en la que participaban los vecinos de la entonces villa nazarena.

Recordaremos, también, que Sevilla es una ciudad eminentemente procesional, en la que la religión debe «entrar por los ojos» a los fieles. Esta religiosidad popular se manifiesta, principalmente, en un sin número de procesiones y actos culturales que están presentes durante todo el año en la vida de la ciudad

Tampoco podemos olvidar que las romerías han sido y son tradiciones arraigadas en Andalucía. La de Valme debemos enmarcarla dentro de un contexto en el que están o estuvieron, entre otras muchas, las Romerías del Rocío, de Torrijos, de Consolación y de la Caneca.

Por último, desde la Edad Media tenemos constancia de la existencia de romerías y peregrinaciones a Santuarios marianos. Hay referencias a ellas en as Cantigas de Santa María, de Alfonso X, y en los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo. Ambas obras datan de la segunda mitad del siglo XIII.

En síntesis, podemos decir que hay que situar el origen de la Romería de Valme a finales de 1893, cuando un grupo de hermanos sugirió la celebración de una peregrinación anual al Santuario de Cuarto. Esta «idea» fue decisivamente impulsada por D. José Lamarque de Novoa y por otros destacados personajes como el pintor Virgilio Mattoni y varios hermanos de la Hermandad, que, además, fueron iniciadores de importantes y numerosas reformas den el seno de la corporación.

La celebración de una romería o peregrinación en honor de la Virgen de Valme era, en cierto modo, una tradición que venía de antiguo, dado que las características de la fiesta que se celebraba en la Ermita de Cuarto entre los siglos XVI y XVIII son muy parecidas a las de la Romería que, con carácter anual, la celebración de la fiesta de la Virgen de Valme tenía la finalidad de rememorar un hecho histórico, la Reconquista de Sevilla por Fernando III, y que, además, siempre se ha asociado a un hecho religioso identificado sobre todo a partir de 1894, con el pueblo de Dos Hermanas.

Grabado de Doña Luis Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, Duques de Montpensier

Grabado de Doña Luis Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, Duques de Montpensier

Reverso del Pendón del Rey Fernando III como quedó tras la restauración realizada a expensas de los duques de Montpensier en 1857

Reverso del Pendón del Rey Fernando III como quedó tras la restauración realizada a expensas de los duques de Montpensier en 1857

Fuente: Libro Romería de Valme (1894-1994) de Hugo Santos Gil de 1996.

Paños cerámicos

Primer paño cerámico cofrade (con texto) ubicado para recuerdo imperecedero en el viario nazareno a instancias de la Hermandad de Pasión de la barriada de Las Portadas de Dos Hermanas.

Fue éste dedicado tras la pérdida de quien fuese alma mater de la corporación y posterior hermano mayor, José Mije Dìaz, justamente instalado sobre la fachada del negocio que regentaba en el callejón Santa Cruz, y cuya lápida fue inaugurada por su viuda el Viernes de Dolores 6 de abril de 2001.

El texto, así como la idea de materializar dicho azulejo, fueron debidas a la iniciativa de Antonio Jesús Jiménez García, congratulándose la Hermandad con el hecho de convertir en realidad dicho proyecto.

Citar como anécdota que la cofradía discurrió en silencio aquel Martes Santo ante el paño cerámico.

Archivo Manuel Vargas.

Plaza del Arenal

Con esta entrada iniciamos una serie de entradas dedicadas a conocer mejor nuestras calles, su historia, acontecimientos que sucedieron en ellas, curiosidades. Espero que sea de vuestro agrado. Empezamos con unas de las plazas más importantes de la ciudad: la «Plaza del Arenal».

La plaza se ha llamado, sucesivamente, Plaza de Alfonso XIII, de la República, de Calvo Sotelo y del Arenal.

En un padrón parroquial de 1884 se cita la «Casilla Arenal» entre las denominadas «Haciendas y Recreos», germen del actual nombre. En el pleno de 30 de mayo de 1906 se le dió el nombre de «Plaza de Alfonso XIII».

En pleno de 9 de marzo de 1910 se faculta al alcalde para «tratar con la Compañía de Ferrocarriles autorización para hacer un paseo en las parcelas de la Estación y cuanto sea preciso para cubrir la gavia y hermosear e higienizar la entrada de la población». El 16 de junio de 1911 se acuerda denominar ha esta nueva zona ajardinada «Paseo de Fedérico Caro» para diferenciarla de la «Plaza de Alfonso XIII», que se inaugura el 24 del mismo mes y año. El 2 de Diciembre de 1913 falleció Fedérico Caro. Pocos años más tardes, Trinidad Guillén Román y Antono Quintano Alcoba solicitan licencia para poner un cinematógrafo gratuito en este paseo «con el fin de proporcionar al pueblo solaz y esparcimiento en las calurosas noches del estío». El 11 de febrero de 1916 se acuerda arreglar los jardines del paseo, que queda con bancos, plantas, acacias de bolas y plátanos orientales. El 19 de mayo de 1916 se reseña que en vista del mal estado del tablado de la música, que se encontraba en el paseo, se pide presupuesto. De tal modificación que tablado queda más grande (de 4,50 m2 en lugar de 3,50 m2) y con dos escaleras de acceso. El 9 de febrero de 1917 la Compañía Ferroviaria comunica que dentro de dicho año «construirá un nuevo edificio de viajeros y adoquinará la entrada de la estación».

La Corporación republicana, el 18 de abril de 1931, es decir cuatro días después de proclamarse la República, se le impone el nombre de «Fermín Galán» a la hasta entonces «Plaza de Alfonso XIII». Sin embargo, debieron considerar el asunto ya que por acuerdo de 6 de mayo de 1931 se sustituyó el nombre por el e «Plaza de la República». El 25 de abril de 1945 se adjudican las obras de herraje y cubierta del kiosco de la música.

Terminada la Guerra Civil recibió el nombre de «Plaza de Calvo Sotelo». El 23 de junio de 1973 tuvo lugar en esta plaza la Coronación Canónica de la Virgen de Valme, por el Cardenal de Sevilla José María Bueno Monreal, siendo padrinos el Almirante Luis Carrero Blanco y su esposa Carmen Pichot. Tras las primeras elecciones democráticas, la plaza recobró su nombre popular de «Plaza del Arenal».

En 2001 se aprobó un proyecto de remodelación de la plaza y construcción de un aparcamiento subterráneo de 500 plazas; la obra se inauguró en abril de 2003. La nueva imagen consta de un escenario con concha acústica en lugar del antiguo «tablado de la música», que generó una gran polémica. Al lado de la estación se instaló un original monumento del escultor utrerano Salvador García, que pretende realizar un homenaje del pueblo de Dos Hermanas al viajero. El conjunto monumental consta de un armazón de grandes dimensiones, que recuerda una maleta, y tres figuras, dos hombres y una mujer, portando una maleta, una carpeta y una mochila. El 12 de octubre de 2003 se inaugura el altorrelieve conmemorativo del XXX Aniversario de la Coronación, situado un un lateral del escenario, el acto fue dirigido por el Arzobispo de Sevilla ,nombrado Cardenal 9 días después, Fray Carlos Amigo Vallejo, el Alcalde Francisco Toscano y el Hermano Mayor de Valme, José Ramón Gómez Tinoco.

Escenario de concha acústica
Escenario de concha acústica
Palmera y asientos
Palmera y asientos
Monumento de homenaje de Dos Hermanas al viajero
Monumento de homenaje de Dos Hermanas al viajero
Palmera
Palmera

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004

Monumento al Viajero

Este monumento es obra del artista utrerano Salvador García, y se colocó en 2001, con motivo de la remodelación de la «Plaza del Arenal».

En la memoria del documento se lee lo siguiente:
«Este es conjunto escultórico que pretende ser un homenaje del pueblo de Dos Hermanas al viajero y a todas aquellas personas que en su día arribaron a esta tierra y que hoy forman parte de su ciudadanía. De vocación monumental, está formado por dos elementos bien diferenciados que a sus vez constituyen una composición en la que ambos se integran y dialogan en perfecto equilibrio. Tanto la maleta, concebida como módulo escultórico de grandes dimensiones, como los personajes, armonizan conceptual como espacialmente. La horizontalidad y la verticalidad predominan en un conjunto que adolece de líneas oblícuas o discordantes. Los materiales empleados, acero cortén y bronce, juegan un papel importante en el aspecto visual y táctil de una obra que intenta ser al mismo tiempo didáctica y cercana al propio viandante. La perspectiva visual del conjunto debe prevalecer sobre cualquier anécdota puntual del mismo.
Como centro geométrico y compositivo se ha construido un armazón de grandes dimensiones que referencialmente recuerda una maleta. Simboliza el tránsito en forma de arco, pero al mismo tiempo puede suponer un punto de parada y encuentro. En el aspecto formal de esta obra, esqueleto de maleta, se ha sacrificado el detalle en función de la simplificación de planos y líneas. En su síntesis esencial radica su belleza estética. Esta interpretación de la maleta estaría compuesta principalmente por dos arcos que se engarzan y fijan al suelo y que con la incorporación de varios tirantes configuran la misma. El material empleado sería acero cortén, sus dimensiones serían de 8 metros de ancho por 5,5 metros de altura para cada uno de los arcos, alcanzando 2,2 metros de profundidad.
Las tres figuras, personajes que representan a dos hombres y una mujer, portarían una maleta, una carpeta y una mochila, indistintamente. Estilísticamente podríamos decir que esta obra escultórica está dentro del movimiento ‘nueva figuración’. Los volúmenes y enlaces suaves, prevaleciendo la elegancia sobre cualquier otra valoración calificativa que pudiese recibir el conjunto. Estas figuras alcanzarían la altura de 2,60 metros aproximadamente y estarían ubicadas en forma de triángulo, cuya situación espacial estuviese en perfecta sincronización y armonía con el módulo maleta, formando así un conjunto compositivo sólido. Se ejecutarán en bronce descansando directamente sobre el pavimento.»

Hombre con carpeta fabricado en bronce
Hombre con carpeta fabricado en bronce
Hombre portando una maleta fabricado en bronce
Hombre portando una maleta fabricado en bronce
Maleta fabricada en acero cortén
Maleta fabricada en acero cortén
Mujer llevando una mochila fabricada en bronce
Mujer llevando una mochila fabricada en bronce
Vista general del monumento
Vista general del monumento

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004

Plaza Alcalde Manuel Benítez Rufo

En pleno 6 de noviembre de 1997, a propuesta del Alcalde Francisco Toscano, se adopta «acuerdo en el que, para homenajear la figura de DON MANUEL BENÍTEZ RUFO, que fue el primer Alcalde de esta Corporación tras la instauración del sistema democrático y constitucional, se imponga su nombre a una plaza de nuestra Ciudad», y se decide «imponer el nombre de «PLAZA ALCALDE MANUEL BENÍTEZ RUFO» a la existente en la confluencia de las calles Murillo y Sor Sofía, comenzando su numeración por la finca donde se encuentra la sede de Izquierda Unidad, a la que se le impone el número 1 de gobierno…».

Manuel Benítez Rufo nació en Monterrrubio de la Serena (Badajoz). Al estallar la Guerra Civil, estando afiliado al Partido Comunista, participó activamente en las acciones bélicas con el ejército de la República. alcanzando el grado de Teniente. Exiliado a Francia, interviene también en la lucha contra el régimen nazi incorporado a la Resistencia; allí contrae matrimonio con Marthe Saurel, de la que tiene dos hijos: Carlos y Celine. Al terminar la guerra, regresa a España siendo detenido y juzgado por un Tribunal Militar en Consejo de Guerra que le condenó a muerte, pene que le fue conmutada por 30 años de reclusión de los que cumplió doce años pasando por diversas cárceles. Finalmente fue puesto en libertad y se instaló en Dos Hermanas, donde prosiguió su actividad política. Miembro notorio del Comité Central del Partido Comunista de España cuya representación mantuvo durante la época de Franco, ello le valió numerosos problemas con la Policía.

Desde Dos Hermanas participa intensamente en la reconstrucción del Partido Comunista de España en el interior. La legalización del Partido Comunista el Sábado Santo 1997, a la muerte de Franco y en plena Transición, se celebra con un gran mitín en Dos Hermanas, el primero que tiene lugar desde la Guerra Civil, en el que participan las primeras figuras del Partido encabezadas por Santiago Carrillo, Simón Sánchez Montero y su hermano José Benítez Rufo, entre otros. En las Elecciones a Cortes Constituyentes obtiene acta de Diputado, interviniendo en la elaboración de la Constitución Española de 1978, por cuya labor se le impuso la Medalla al Mérito Constitucional.

En las primeras Elecciones Municipales de la democracia el Partido Comunista de España obtuvo en Dos Hermanas mayoría de votos, por lo que Manuel Benítez Rufo fue proclamado Alcalde, gobernando la Ciudad desde 1979 hasta 1983. Mereció el respeto de todos los ciudadanos, incluso de los más lejanos a su ideología, tributándose un gran homenaje a su cese, al que asistieron representaciones cualificadas de los partidos políticos y de los más variados estamentos sociales de la Ciudad, incluidos los curas párrocos de Dos Hermanas y miembros de la Junta de Gobierno de las Hermandades. En el siguiente cuatrienio (1983-1987) desempeñó un concejalía, perdida ya la mayoría por su Partido. Al reconocerse el carácter militar a quienes hicieron la guerra con categoría profesional en el ejército de la República obtuvo el grado de Teniente. En pleno 6 de julio de 2001 se le nombra Hijo Adoptivo y Predilecto de la Ciudad, a propuesta de la Junta de Portavoces, que entre otras cosas le reconoce como «personalidad destacada, que durante toda su vida ha dado constante testimonio de entrega a sus ideales, con honestidad y espíritu de servicio a España y, sobre todo, a Dos Hermanas, donde vive desde hace cerca de cincuenta años…».

El acto formal y solemne de inauguración de la denominación de la plaza tuvo lugar el viernes 16 de noviembre de 2001 a la 19 horas, en un acto «emotivo y solidario» al que asistió el homenajeado en su silla de ruedas, afectado por una enfermedad que tiene postrado su cuerpo desde hace varios años, aunque no su espíritu luchador y honesto. Vivió en la calle Gardenia núm.9, y tras contraer la grave enfermedad que le apartó de la vida pública se trasladó a vivir a la Urbanización Cerro del Caballo, calle Trote núm.6 y luego al Núcleo Residencial San José, calle Doctor Orad de la Torre.

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo…Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004

Monumento a la Fraternidad

Terminada la Guerra Civil se instala «La Cruz de los Caídos» en la Plaza de la Constitución, en la que figuraba, en el pedestal, los nombres de los vecinos caídos durante la guerra que pertenecían al bando ganador de la guerra.

Una vez instaurada la Democracia, en pleno de 26 de diciembre de 1979 se acordó imponerle en nombre de «Monumento a la Fraternidad» y eliminar de él «los signos, los nombres y la Cruz, respetando si es posible la cerámica de la Virgen de Valme». No obstante, al final se mantuvo el monumento tal como estaba, eliminando solo los azulejos e inscripciones con signos alusivos al Régimen anterior y las lápidas con los nombres de los «caídos». Tras esta remodelación, el Monumento fue inaugurado solemnemente el día 8 de octubre de 1983. Donde existían lápidas con los símbolos de la Falange y los nombre de las personas que murieron en la guerra de la facción ganadora, se colocaron losas de mármol elaboradas en el taller del marmolista «Espada» con trozos de poemas de Miguel Hernández («Llorad, lloras, lloremos,…»), Antonio Machado (del poema «España en Paz», la estrofa comienza «‘Señor, la guerra es mala y bárbara; la guerra,…») y de Vicente Aleixandre (de su poema «Supremo fondo», la estrofa «Llueven besos y vidas que poblaron un mundo…») y, en su frente la siguiente inscripción: «El Excmo. Ayuntamiento de Dos Hermanas / a los hijos y vecinos de esta Ciudad que, / cumpliendo con su deber, / dieron la vida en defensa de sus ideales».

En el acto de inauguración se leyeron los poemas íntegros de donde proceden los versos de las inscripciones, fueron leídos por los poetas Daniel Pineda Novo, Emilio Durán y Javier Ros Pardo. El insigne Vicente Aleixandre se unió al acto con una extensa carta manuscrita, dirigida al Alcalde Francisco Toscano Sánchez el 3 de octubre de 1983. En esta carta, Vicente agradece que sus versos se encuentren a un monumento a la «Fraternidad». Josefina Manresa, viuda de Miguel Hernández, también envía una carta fechada el 28 de noviembre de 1983, agradeciendo que los versos de su marido estén en dicho monumento.

Vista trasera
Vista trasera
Poema de Miguel Hernández
Poema de Miguel Hernández
Poema de Antonio Machado
Poema de Antonio Machado
Poema de Vicente Aleixandre
Poema de Vicente Aleixandre
Losa delantera
Losa delantera

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004

Monumento a la Virgen de Valme

En sesión de 17 de agosto de 1964 se nombra Co-Patrona de Dos Hermanas y Patrona de la Corporación a la Virgen de Valme, acordándose construirle un Monumento en la Plaza de Menéndez y Pelayo, ejecutado por los talleres valencianos de Vicente Coloma Llorens.

Imagen de la Virgen de Valme
Imagen de la Virgen de Valme
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Una de las caras del pie del monumento
Vista del monumento
Vista del monumento

Plaza de la Constitución

Sigo con el recorrido a través de las calles de Dos Hermanas, por otro lado, un viaje fascinante. En esta entrada se va a visitar la «Plaza de la Constitución», plaza emblemática donde las allá.

Ha sido llamada Plaza Pública, de Alfonso XIII, Fermín Galán, Moreno Calvo, José Antonio y de la Constitución y siempre, en el habla popular, «Los Jardines».

Cuando el duque de Alcalá compra Dos Hermanas en 1631 en el padrón no figura ninguna plaza, aunque se alude a ella en la delimitación de fincas que dan a la calle Real. En aquella época era la vía principal del pueblo y germen del núcleo matriz de Dos Hermanas. Hay referencias que evidencian que se celebraban fiestas de toros y cañas.

En el Catastro de Ensenado de 1760 describe tres fincas: las «Casas Capitulares», de las cuales dice que están en la «Plaza Pública» de la villa; la «Cárcel», que se encuentra en la calle Real; y la «Carnezeria», que se encuentra en la «Plaza Pública» y pegada a las «Casas Capitulares».

En la «Guía del Ferrocarril de Sevilla a Cádiz» de 1864 se describe a Dos Hermanas como que tiene dos plazas y una iglesia parroquial, y pegado a ella el cementerio de la villa. En 1877 la Condesa de J. de Robersart, amiga de Fernán Caballero, describe Dos Hermanas indicando que en la plaza que hay en frente de la iglesia se encuentra el mercado, que es muy variado y alegre. En 1877 el Estado cede al Ayuntamiento los terrenos donde se construye el nuevo mercado que ha llegado hasta nuestros tiempos.

El 30 de mayo de 1906 se cambia el nombre de la plaza por el de «Plaza de la Constitución», pasando el nombre de «Alfonso XIII» a la Plaza del Arenal. Sin embargo, más adelante se vuelve otra vez a poner el nombre de «Plaza de Alfonso XIII».

El 8 de junio de 1910 se autoriza a colocar al reloj público de la parroquia de santa María Magdalena un esfera de cristal con luz interior. El 9 de marzo de 1919 se nombra a Enrique Tinoco Rodríguez encargado del mismo, desde entonces el apellido Tinoco ha estado vinculado ha dicho actividad. El 11 de junio de 1920 se autoriza a poner una parada de ómnibus de Sevilla a Dos Hermanas frente al Ayuntamiento.

La Corporación republicana cambia el nombre de la plaza por el de «Plaza de Fermín Galán», aunque al poco tiempo , tres semanas después, se le impone el nombre de «Plaza de la República». Al poco tiempo la mitad de la plaza vuelve a recobrar el nombre de «Plaza de Fermín Galán», y la otra mitad se llama «Plaza de Moreno Calvo».

En 1932 se aprueba la demolición de la antigua plaza de Abastos y se reorganiza el espacio, quedando como la conocemos. La plaza resultante recibe el nombre de «Plaza de Moreno Calvo», integrándose la mitad que recibía el nombre de «Plaza de la República».

El 19 de junio de 1936 se incendió la iglesia parroquial de «Santa María Magdalena», quedando destruida la iglesia y perdiéndose algunas de sus imágenes. El incendio trajo su polémica, ya que fue atrivuido a las «ordas marxistas», en expresión del párroco. Rápidamente se inicio una colecta para su reconstrucción.

Terminada la Guerra Civil se le impone el nombre de «Plaza de José Antonio», en homenaje al fundador de la Falange Española. Se instala, junto al Ayuntamiento, la «Cruz de los Caídos», con los nombres de los caídos en el bando ganador de la Guerra Civil.

El 13 de febrero de 1946 se ratifica el nombramiento de Santa Ana como Patrona de Dos Hermanas y se entroniza su imagen en el torreón más pequeño del Ayuntamiento. Esta imagen desaparece al ser sustituido el edificio por el actual.

En el pleno de 26 de diciembre de 1979, ya en Democracia, se acuerda el cambio de nombre de la plaza por el de «Plaza de la Constitución». También se acuerda el cambio de nombre del monumento de la «Cruz de los Caídos», por el «Monumento a la Fraternidad», y eliminar los vestigios del antiguo régimen. El monumento fue inaugurado el 8 de octubre de 1983. Las lápidas donde estaban los nombres de las personas que murieron en la guerra, fueron sustituidas por losas de mármol con trozos de poemas de Miguel Hernández, Antonio Machado y Vicente Aleixandre.

Con motivo de X Aniversario de la proclamación de Don Juan Carlos como Rey de España, en 1986 se erige el Monumento a S.M. EL Rey Don Juan Carlos I, creado por Jaime Gil Arévalo, al ganar el concurso de ideas. Para colocar el monumento se realiza una amplia obra de acondicionamiento de la plaza. El 16 de febrero de 1987 se inaugura el monumento con la presencia de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, junto con el alcade Don Francisco Toscano, el Presidente del Gobierno Felipe González y el Presidente de la Junta de Andalucía Don José Rodríguez de la Borbolla.

En julio de 1996 el edificio del Ayuntamiento fue demolido, trasladándose la Corporación a la Huerta Palacios temporalmente. El 10 de noviembre de 1998 se inauguró, con la presencia del Presidente de la Junta de Andalucía Don Manuel Chaves, el nuevo edificio, proyectado por los arquitectos Daniel Conesa, Rafael López y Jesús Medina; es un edificio de 8.500 m2, en un solar de 1.500 m2, con tres plantas y dos sótanos, con los medios más sofisticados. La fachada reproduce la del antiguo edificio.

Reconstrucción de la Plaza de la Constitución en 1902
Reconstrucción de la Plaza de la Constitución en 1902
Vista desde la calle Santa María Magdalena
Vista desde la calle Santa María Magdalena
Vista desde la calle Nuestra Señora de Valme
Vista desde la calle Nuestra Señora de Valme
Vista desde el monumento al Rey
Vista desde el monumento al Rey
Vista desde la Iglesia
Vista desde la Iglesia
Vista desde la calle Antonia Díaz
Vista desde la calle Antonia Díaz

Fuente: Libro Calles, Plazas, Campo… Dos Hermanas de Pedro Sánchez Núñez de 2004